Tirando piedras contra el propio tejado


Extracto de la querella de la Asociación de Abogados Cristianos:

Quien me conoce, sabe que tengo poca simpatía por todo aquello que suene a religión. Para mí, al margen de las buenas intenciones de salida que pudieran tener algunos (consolar ante la idea de la muerte, inculcar algo de empatía por la situación de otros…), no dejan de ser sistemas organizados de control de masas, en manos de gentes que tienen más interés en vivir bien en este mundo que en cómo será el reino de los cielos. La educación de los niños en la religión, algo que, por tradición (ay, qué palabra más usada para justificar lo injustificable) se percibe como algo positivo, yo lo veo como un tipo de adoctrinamiento pernicioso en el que cualquier país moderno debería intervenir.

Los niños deben creer en la magia mientras son niños, vale, pero a cierta edad, se les debe decir que los Reyes Magos no existen, para que se hagan mayores y asuman por sí mismos las riendas de su vida. No se les deben inculcar para siempre fantasías como si fueran verdades, con el beneplácito de todos aquellos que, para él, representan la estabilidad en sus vidas: padres, abuelos, profesores… Si ellos creen en un Dios, es que Dios debe existir. Ya hablaremos otro día del hecho de que ese Dios se “masculino” y barbudo (remarcando esa masculinidad).

Por demasiadas cosas, la religión debería ser algo personal, sin proyección en el mundo real (ni bienes propios exentos de IBI o cualquier otra clase de impuesto, ni negocios por todos lados, ni mucho menos un banco), poco alentado desde las instituciones. Todo estado moderno debería ser laico, ajeno a esos conceptos, sin más relaciones con unas religiones que con otras. Se debe proteger la libertad religiosa como se debe defender la libertad de opinión. A nivel social, si no se celebra el Ramadán de una forma oficial, no se debe celebrar una Semana Santa, ni suponer que esa celebración tiene más derechos que otra, o incluso que no pueda ser criticada o parodiada.

Sin embargo, en este caso (Miembros de CGT se enfrentan a penas de cárcel por la procesión del ‘Santísimo Coño Insumiso’), para mí la cuestión no es la parodia, sino la triste demostración de mal gusto que se hizo. Lamentable, lo mires por donde lo mires. Entiendo que se buscaba el escándalo pero, señor@s, un poquito de dignidad, por favor. Un poquito de saber estar, de educación y respeto. Se puede protestar, se debe actuar, siempre, contra lo que creemos injusto, pero sin caer en lo zafio.

Porque, luego pasa lo que pasa. La razón de la protesta se olvida y todo queda en qué desagradable lo que hicieron para llevarla a cabo. En que, alguien como yo, totalmente contraria al hecho de que se siga celebrando una Semana Santa con tintes religiosos, piense que esa gente, esos católicos, tienen razón en sentirse ofendidos y molestos. Que vea que los argumentos del abogado son tan patéticos (de hecho, son lo único delirante del tema, ya que usa el término para calificar una posible argumentación en contra) que dudo que ningún juez llegue a tenerlos en cuenta, porque ha sido tal el exceso que no viene a cuento ya el hablar de derechos sociales o laborales, han sido ellos los que han llevado el asunto a otro terreno. Y a uno muy pantanoso en nuestro país, por cierto: los límites entre el respeto a la libertad religiosa y la libertad de expresión.

No han puesto una mujer encadenada, por ejemplo, ni han gritado “El martirio y muerte de la justicia social”, que hubiese sido utilizar la Semana Santa para representar su protesta. No: han puesto una vagina de plástico de dos metros y han soltado chorradas relacionadas con el sexo, con el dudoso ingenio de auténticos adolescentes. “¡Jo, qué bueno, qué risas, fíjate a lo que nos atrevemos!”

Algunos, quienes decidieron que eso se haría así y quienes lo consintieron, deberían aprender un poquito más, antes de tener la capacidad de decidir o hacer ciertas cosas. Por ejemplo, que raramente el fin justifica los medios, sobre todo cuando es tan evidente que en lo ocurrido no había un fin único. Hasta yo me doy cuenta de que había un ánimo de ofender a todo lo que oliera a católico, y se actúa contra ellos con toda falta de respeto. Nadie, ninguno, podía dejar de imaginar que se iban a ofender y mucho, y no les importó.

¿Y qué se consigue con esto? Pues que muchos que seguro que apoyaríamos el caso concreto de esa persona despedida, pensemos que cuánto cretino hay por ahí, encargado de organizar las cosas para reclamar una solución más justa. Eso han conseguido: tirar piedras contra el propio tejado.

Eso sí, lo del escándalo… prueba conseguida. Pero me temo que esa era la parte fácil.

Anuncios