//
estás leyendo...
Ciencia-Ficción, Concurso, Desde las redes, Editorial, Relatos, Textos en línea

Mucho más económico

Participé con este relato en el concurso de Bubok, no sé el año ni la posición que consiguió, aunque posiblemente fue un cuarto puesto. En fin, creo que quedó entretenido.

mas-economicoJulia Vargas, Oficial Técnico del Segundo Regimiento Robótico del Estado–Bloque de PanAsia, se arrastró por encima del montón de cuerpos metálicos hasta alcanzar la unidad de combate que todavía emitía débiles señales de funcionamiento. Abrió el panel de su espalda y trató de reparar los daños, al menos lo suficiente como para hacerla operativa el resto del combate. No sería mucho, ya estaba atardeciendo, no tardarían en dar la orden de retirada.

Y menos mal… ambos bandos habían sufrido lo suyo, pero ese día el ejército enemigo, las malditas huestes de Todamérica, habían demostrado una astucia y una capacidad de improvisación realmente extraordinarios…

El robot se levantó con torpeza y empezó a moverse en dirección al frente, empeñado en su programación de combate. De poco serviría si seguían así las cosas, meditó Julia, mientras buscaba más señales de funcionamiento. Nada, ni una sola unidad operativa en los alrededores.

El último proyectil de Todamérica había resultado fulminante. Estaba rodeada de cuerpos, cuerpos y más cuerpos de robots destruidos, enteros o desmembrados, piezas metálicas de todo tipo, retorcidas, aplastadas y quemadas brutalmente. Y apenas uno de cada veinte eran enemigos, los integrantes de una pequeña avanzadilla sacrificada para desviar la atención, el resto eran todos suyos, soldados robot de PanAsia.

La única parte positiva era que, al menos, ya no se usaban personas vivas para el combate. Hacía más de un siglo que los soldados de los ejércitos de los dos principales Estados–Bloque, Todamérica y PanAsia eran robots. Únicamente los altos mandos, capitanes, coroneles, generales…, aquellos que ideaban las estrategias y decidían cómo mover toda aquella masa de piezas, eran humanos, y ellos se mantenían muy lejos del punto del conflicto.

Ya no había vida ni muerte en la guerra. O casi ninguna. Estaban ellos, claro, los Oficiales Técnicos, pero eran pocos y no participaban directamente en la lucha. Los buitres ya no rondaban los campos de batalla como antaño, ni se pudrían los cuerpos lentamente al sol. Se habían convertido en gigantescos vertederos de piezas propiedad del ganador, recambios que se vendían a buen precio para reciclar nuevos efectivos.

Pensándolo bien, los mayoristas de Arquitectura Robótica eran la nueva versión de buitres…

De pronto, el viento le trajo un olor extraño, fuera de lugar, algo que no tenía nada que ver con el aceite, las placas de Cemtol o el fluido del sistema hidráulico… Arrugó la nariz intentando identificarlo.

–¡Socorro! –El grito la sobresaltó y miró a su alrededor. Como Oficial Técnico, estaba más que acostumbrada a los sonidos de la batalla, la mezcla del zumbido constante de los robots, los choques del brutal cuerpo a cuerpo o las continuas explosiones de los proyectiles. Nada que ver con aquello–. ¡Socorro!

–Mierda… –susurró Julia moviéndose en esa dirección. ¿Quién podía ser? ¿Un Oficial Técnico de Todamérica? No se le ocurría otra alternativa. Igual había intentado recuperar el pequeño grupo de robots que habían atacado en plan suicida por aquel flanco. A saber…

En el fondo de una hondonada, se agitaba un robot enemigo.

Julia arqueó las cejas, incrédula. ¿Pedir ayuda un robot? ¿Y con tanta angustia? Hacía mucho tiempo que la ciencia había terminado con la ficción en esos temas: los robots no podían sentir, la auténtica inteligencia no podía basarse en válvulas, tuercas y frío metal, ni en programaciones, por muy complejas que fuesen, pese a las simulaciones casi perfectas que ofrecían algunos modelos destinados al entorno familiar.

Incluso los más perfeccionados, los que podían llegar a aprender para mejorar en su servicio, tenían su límite. El abuelo de Julia decía que carecían de alma.

Máquinas. Eso era todo.

Pero… aquel robot, caído de espaldas en la hondonada, giró la cabeza hacia Julia y empezó a gemir.

–¡Por favor, ayúdeme! –Alzó un brazo, implorante. Luego, se llevó las manos a la cabeza y la retorció hasta arrancársela. Julia ahogó una exclamación al comprobar que estaba hueca como un yelmo; debajo, pudo ver el rostro enrojecido de un humano, muy joven. No tendría ni veinte años.

–Pero qué… –susurró, horrorizada. El chico tosió. Un espumarajo de sangre manchó sus labios… Entonces, Julia se dio cuenta. ¡Ese era el olor que había llegado con el viento desde otras zonas del combate y que había estado captando a rachas! ¡Claro! El aire apestaba a sangre sucia y miedo, un tufo que no se había olido en un campo de batalla en los últimos siglos.

–Todamérica… –dijo él muy bajo. Julia se arrodilló a su lado intentando entenderle–. La jodida crisis… Ejércitos de robots, capricho demasiado caro… No lo reconocerán, sería admitir… que son vulnerables. Muchos pobres… gente pasa hambre, nos usan. Dos pájaros de un tiro… Es mucho más económico utilizarnos…

–Pero no entiendo… ¿Me estás… me estás diciendo que los miles de robots del ejército de Todamérica…?

–¡Sí! –Se retorció de dolor, pero siguió hablando rápido como si le diese miedo no tener tiempo suficiente–. Soldados… Humanos… con estas armaduras. Somos baratos, los robots… muy caros. Y protestas sociales… cada vez más… Hambre. Necesidad. Nuestras familias se mueren…

Julia agitó la cabeza. Aunque terrible, la idea tenía lógica. Tanto en Todamérica como en PanAsia, la mayor parte de la población intentaba sobrevivir a duras penas, víctima del hambre y la desesperación, mientras los pocos afortunados, los enormemente ricos Hijos del Mundo Global, aquellos que retenían la mayor parte de las riquezas, jugaban a enfrentar entre ellos sus ejércitos de robots.

Niños aburridos que juegan a las batallas, con carísimos soldaditos de plomo…

Demasiado caros por lo que parecía…

El chico se estremeció y, tras un extraño suspiro, sus ojos se vaciaron de toda vida. Julia le tocó la mejilla con un dedo, aún incrédula. Sí, no se equivocaba, y no se trataba de un mal sueño: era un humano, vestido con una especie de armadura completa, muy resistente, idéntica en apariencia al modelo estándar del robot de combate de Todamérica. Increíble. Cerca vio otro robot enemigo. No le resultó difícil girarle la cabeza metálica y quitársela. Dentro, había otro muchacho, muerto. Y otro, un poco más allá, y otro…

Estaba rodeada de muertos…

Un nuevo proyectil estalló a poca distancia y la sacó de su estupor. ¡Esa información… era básica, debía notificarla cuanto antes! Los robots no conocían el miedo y cargaban con fuerza en cualquier frente, pero los humanos eran totalmente impredecibles y sabían aprovechar bien las ventajas repentinas, esas que una máquina ni siquiera llegaba a soñar, nunca mejor dicho.

Por eso, ese día les habían dado tal semejante paliza… Ellos usaban soldados robot; el enemigo, humanos. Y humanos desesperados…

Julia echó a correr y no se detuvo hasta llegar al campamento. El General Lamprea estaba reunido con los oficiales de mayor graduación, bajo un gran toldo, junto a la tienda principal. Rodeaban una mesa en la que había algunos mapas de la zona y estaban discutiendo diversas estrategias.

–¡General! –exclamó Julia dirigiéndose hacia él. Los soldados robot que custodiaban el acceso zumbaron, pero al captar su identificación no intervinieron–. ¡Señor, son humanos! ¡Los soldados de Todamérica son humanos!

El General Lamprea la miró y abrió la boca para decir algo, pero justo en ese momento un proyectil impactó violentamente en un lateral de la tienda.

Fuego, estallidos… Julia fue lanzada a un lado, donde quedó encogida con la cabeza entre las manos. Todo lo llenó el brillo de las llamas y el humo se filtró en sus pulmones. Durante varios minutos, solo fue capaz de toser, con la sensación de estar desgarrándose por dentro. Cuando se atrevió a mirar, vio que la mitad de la tienda había desaparecido; la otra mitad ardía, igual que el gran toldo; y la mesa de los mapas y los soldados robot estaban destrozados.

Solo el grupo de Oficiales seguía en pie.

–¿Señor? –preguntó Julia aturdida. Hubo un sonido de servo-propulsores desajustados. El General Lamprea giró la cabeza en su dirección. La explosión había destrozado su lado derecho, y podían verse piezas y cables que surgían del interior y crepitaban por la electricidad. Entonces se dio cuenta de que al Coronel le faltaba la mitad de la caja torácica y uno de los capitanes estaba ardiendo; su rostro permanecía perfectamente inexpresivo mientras empezaba a derretirse. Julia se llevó una mano al corazón–. ¡Son robots!

–Oh, por supuesto, teniente –dijo el General Lamprea con una voz distorsionada. Mal funcionamiento de la unidad de comunicación–. Esta maldita crisis… ¿Acaso sabe lo que cobra un Oficial de alto nivel? ¡Una barbaridad! PanAsia no puede ya permitirse caprichos de esa clase. Es mucho más económico utilizar robots.

Anuncios

Acerca de Díaz de Tuesta

Escribo. Me publican Ediciones B, Norma Editorial y Tempus Fugit, así que tan mal no lo haré. ;DDD

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

TIENDA DÍAZ DE TUESTA

Botón Tienda

AYUDA A LA AUTORA

Ayuda a los autores

Página de Díaz de Tuesta en Goodreads

Página de Díaz de Tuesta en Goodreads

Libros de Diaz de Tuesta en Goodreads

Trazos secretos El mal causado En aguas extrañas Signos para la noche De terrores y otras alegrías... Tartessos XV, Nave de Enlace Historias de Oniria
Follow solo DÍAZ DE TUESTA on WordPress.com

Licencia CC


Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported Blog oficial de la escritora Díaz de Tuesta is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License. Based on a work at Blog de la escritora Díaz de Tuesta . Permissions beyond the scope of this license may be available at https://diazdetuesta.wordpress.com/, el Blog oficial de la escritora Díaz de Tuesta . Todos los contenidos de esta web se proporcionan bajo los términos de esta Licencia Pública de Creative Commons. Se encuentran protegidos por la Ley Española de Propiedad Intelectual y/o cualquier otra norma que resulte de aplicación. Queda prohibido todo uso diferente a lo autorizado bajo esta Licencia, o lo dispuesto por las Leyes de Propiedad Intelectual.
A merced de las musas

Diario de campo de cuatro escritoras románticas

juanfernandezweb

Conceptos básicos de los seres humanos para la vida, el conocimiento y la voluntad como factores determinantes en la felicidad de los seres humanos.

Mis romances encontrados

Blog literario de reseñas de novela romántica, novedades, entrevistas y más

Yo leo Erótika

Reseñas de novela erótica y romántica

Mariam Orazal

Blog literario de novela romántica

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

criss!! ❤

Leer ayuda al corazón <3

A %d blogueros les gusta esto: