//
estás leyendo...
Desde las redes, Realismo, Relatos, Textos en línea

El árbol, el montículo, el día quieto y cálido…

Año: 2009
Relato ofrecido bajo licencia CC Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported
(I PREMIO XIII CERTAMEN DE USUARIOS BUBOK. tema: La Memoria)

arbol-monticulo

La luz del sol entraba a raudales por la ventana de la cocina.

Laura sonrió y apartó un poco las cortinas para mirar la calle, retocándose los largos bucles color miel que había estado peinando durante horas. Ese día, además, estrenaba vestido, blanco, con gigantescas flores azules que parecían extenderse hacia todos lados como acuarelas con vida propia.

¡Qué feliz se sentía! Papá, mamá, la abuela, habían dicho que estaba muy guapa. Lucía se había limitado a poner gesto de desagrado. Pero, bueno, no esperaba otra cosa; las hermanas eran un incordio, por definición, seres creados para torturarte. Y los gemelos eran aún peor, tan semejantes en apariencia, tan diferentes siempre, buscando continuamente cómo hacerte enfadar…

¡Mira que ocupar el cuarto de baño durante tres horas, como si fuese su única dueña! ¡Y ese día, precisamente ese día!

Hacía tantas cosas mal, últimamente, Lucía. Como… Dudó, frotándose la sien. Había algo, algo que se estremecía en el fondo de su mente, algo que había ocurrido, algo importante, tremendamente importante…

Terrible…

Pero se le escapaba, una y otra vez, como arena entre los dedos…

¡Cuánto sol, cuánto sol, y sus padres, y la abuela, iban a conocer por fin a Raúl! Llevaban seis meses saliendo, ya iba siendo hora… “Así comprobaréis que es bobo”, había dicho Lucía, con desdén. Los demás hicieron como si no hubieran oído, y Laura ni siquiera se tomó la molestia de contestar o pellizcarla. ¿Qué importaban sus palabras motivadas por la envidia? “El tontainas ese”, le llamaba papá, aunque en él sonaba distinto, lo hacía para hacerla rabiar, en broma, y luego reía, reía, y la arrastraba en su risa, y todo era tan hermoso…

Raúl era un chico estupendo, seguro que iba a gustarles. Y ellos se querían… No se iría, no… Nunca la abandonaría… Estaba tan guapo, tan rubio…

Tan serio.

¿Quién eres tú?”

El árbol, el montículo, el día quieto y cálido…

(Lucía quería estudiar Medicina)

Laura agitó la cabeza, intentando recordar, acosada por aquellas extrañas imágenes, sombras vagas, movimientos repentinos, confusos… Finalmente, lo dejó pasar porque escarbar en aquella parte de su memoria le provocaba una especie de agujero negro y frío en el estómago, una sensación tremendamente desagradable. ¿Tenía que ver con Lucía? ¡Seguro que sí…!

¡Maldita, maldita, maldita fuera! Estaba resentida, totalmente enferma de celos. Según vio a Raúl, lo quiso sólo para ella, únicamente para ella… Quizá ni siquiera le gustaba de verdad, era sólo el quitárselo, el arrebatárselo, como siempre se lo quitaba todo, juguetes, libros, ropa… Laura apretó los labios, irritada. Desde niña había sabido que Lucía odiaba tener una gemela, un reflejo. Siempre intentaba actuar como si fuese única, como si ella no existiese…

(Manejaba bien el cuchillo…)

La luz del sol se extendió hacia el pasillo, incidiendo en el retrato familiar que colgaba de la pared. Estaban todos: papá, mamá, la abuela, ella… Rostros tan amados y tan conocidos… Fue hacia él, a mirarlo más de cerca, y se sobresaltó al darse cuenta de que, en la penumbra, había alguien.

Ah, qué tonta. ¡Si era la abuela, que también estaba nerviosa, como ella, por la visita de Raúl, claro! Laura sintió que la envolvía una ola casi sólida de puro amor, una sensación sublime, dulce, muy dulce.

Amarga…

Qué congoja…

La quería tanto, tanto, tanto… La abuela la amaba intensamente, de esa forma que no puede fingirse, a ella, sólo a ella, únicamente a ella. Jamás hacía que Laura se sintiese inferior, ni imperfecta, como si no fuera más que la mitad oscura de algo mejor, algo completo. “No existes, no existes”, se burlaba Lucía, con su rostro de tiza… “Sólo existo yo”.

No podía recordar lo que hizo Lucía. ¡No podía! ¡No quería! Abuela la ayudaría, seguro, podría consolarla, porque había sido algo terrible, terrible, y necesitaba su calor, su amor, sus palabras diciendo que todo terminaría pasando, que todo se olvidaría… Pero, esa mañana, Abuela parecía tan extraña, tan triste, tan perdida… Tanto como aquella vez…

“¿Dónde está Raúl?”, volvió a preguntar. Sus ojos reflejaban el árbol, el montículo, el día quieto y cálido… Acusaban a Lucía, aunque los labios no pronunciaron palabra.

Laura se estremeció. No lo sabía. ¡No lo sabía! ¡No conseguía recordarlo! ¡Y no quería pensar en eso! Empezó a hablar con Abuela como a borbotones, gesticulando mucho, riendo mucho, intentando animarla y hacerla olvidar. Quería tratar únicamente de cosas felices, alegres, luminosas. Le recordó que venía a comer Raúl, el chico que le gustaba, que se lo iba a presentar por fin a papá y a mamá, y a ella, a ver qué les parecía.

¡Le quería tanto, tanto! Sí, lo sabía, tenía que estudiar mucho. Así podrían pasar un buen verano, otro buen verano en la casita del pueblo, junto al bosque, donde el aire olía a menta y yerbabuena, los colores refulgían con más fuerza y los sonidos llegaban lejos, intensos, hermosos…

Sonrió a la abuela, deseando que pudiera ir también, con ellos, como cada año.

¿No?

Laura sintió unas profundas ganas de llorar. Abuela… ¡La echaba tanto, tanto de menos, cuando no estaba, desde que no estaba…! Era un dolor sordo que fluía abrasando sus venas, siempre con la misma fuerza que el primer día, diminutos cristales que la desgarraban por dentro. Algo que paralizaba su corazón, un peso terrible, en el pecho…

Se acercó a ella, deseando estrecharla con todas sus fuerzas entre los brazos. De pronto necesitaba hacerlo, ya, de inmediato… La abuela la miró con inmenso amor, y también se acercó a abrazarla.

Pero… ¿qué era eso…? ¿Un cristal? ¿Por qué había un cristal en medio, separándolas? ¿Era una ventana?

Ah, no… era un espejo.

Un espejo…

Laura parpadeó, comprendiendo repentinamente…

Esa mujer consumida que se miraba a sí misma con ojos espantados, era ella. Esa anciana de expresión asustada y perdida, la boca temblando por el asombro, era ella. Sin acabar de creérselo, se llevó una mano al cabello, el halo ridículo de greñas blancas que rodeaba su rostro flaco, dibujado en líneas cada vez más duras, más rígidas, como si se estuviera asomando progresivamente su calavera para hacer alguna clase de anuncio…

La mano descendió por su mejilla y tocó con dedos trémulos la tela ordinaria de su bata casera, cubierta de grandes flores mustias, apagadas tras tantos y tantos lavados. Ramos fúnebres adecuados para el cuerpo macilento que ocultaban.

¿Qué había pasado? ¿Cómo había pasado? ¡Sus hermosos rizos color miel, su vestido nuevo de vibrantes flores azules, la emoción de aquel lejano día…! ¿Dónde estaban, dónde? Papá, mamá, Raúl, abuela…. Todos muertos, todos arrastrados por el paso de los años hacia el rincón polvoriento del olvido, el lugar donde los detalles se desdibujan hasta perderse por completo, convertidos en un recuerdo lejano, en desolación…

Todo se fue, todo se le escapó repentinamente de entre los dedos, disipándose en un terrible segundo con el tiempo de toda una vida.

Si al menos hubiera sabido aprovecharla…

Diminutos cristales, que la desgarraban por dentro…

Raúl se fue, con una frase breve (“No lo soporto más”), con un destello metálico que se llevó su vida en una lluvia escarlata. Caminó hacia el árbol, hacia el montículo, hacia el día quieto y cálido… Fue Lucía, Lucía, que no quería dejarlo escapar. No iba a permitir que la abandonara…

Todo se había ido. Todo estaba perdido…

Negro. Intensamente negro. Negro profundo, negro piadoso…

¿Qué pasaba? ¿Se había quedado dormida? ¿Y qué hora era? ¿Estaba la comida lista? Raúl iba a llegar en cualquier momento, y tenía que volver a la oficina.

Se sentía rara…

Vaya, había visitas. Oyó reír a Raúl, en la cocina, abriendo una botella de vino. “¡Lucía!”, gritó, llamándola. “Lucía, ven, cariño, vamos a brindar” Ella se estremeció. ¡No! ¡No era Lucía, no era Lucía, era Laura, Laura, Laura…! ¡Era inocente…!

Un rayo de luz surgió por la puerta de la cocina, iluminando la penumbra del pasillo.

¡Cuánto sol, cuánto sol, y sus padres iban a conocer por fin a Raúl…!

Pero, ¿por qué lloraba esa anciana…?

Guardar

Guardar

Anuncios

Acerca de Díaz de Tuesta

Escribo. Me publican Ediciones B, Norma Editorial y Tempus Fugit, así que tan mal no lo haré. ;DDD

Comentarios

2 comentarios en “El árbol, el montículo, el día quieto y cálido…

  1. Fantástico Yolanda, me encantan tus relatos. Sigue publicandolos son como un soplo de entretenimiento en la rutina del día. Muchas gracias, un besazo.

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por Pili Nieves Arribas | 3 noviembre, 2016, 6:54 am

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

TIENDA DÍAZ DE TUESTA

Botón Tienda

AYUDA A LA AUTORA

Ayuda a los autores

Página de Díaz de Tuesta en Goodreads

Página de Díaz de Tuesta en Goodreads

Libros de Diaz de Tuesta en Goodreads

Trazos secretos El mal causado En aguas extrañas Signos para la noche De terrores y otras alegrías... Tartessos XV, Nave de Enlace Historias de Oniria
Follow solo DÍAZ DE TUESTA on WordPress.com

Licencia CC


Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported Blog oficial de la escritora Díaz de Tuesta is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License. Based on a work at Blog de la escritora Díaz de Tuesta . Permissions beyond the scope of this license may be available at https://diazdetuesta.wordpress.com/, el Blog oficial de la escritora Díaz de Tuesta . Todos los contenidos de esta web se proporcionan bajo los términos de esta Licencia Pública de Creative Commons. Se encuentran protegidos por la Ley Española de Propiedad Intelectual y/o cualquier otra norma que resulte de aplicación. Queda prohibido todo uso diferente a lo autorizado bajo esta Licencia, o lo dispuesto por las Leyes de Propiedad Intelectual.
A merced de las musas

Diario de campo de cuatro escritoras románticas

juanfernandezweb

Conceptos básicos de los seres humanos para la vida, el conocimiento y la voluntad como factores determinantes en la felicidad de los seres humanos.

Mis romances encontrados

Blog literario de reseñas de novela romántica, novedades, entrevistas y más

Yo leo Erótika

Reseñas de novela erótica y romántica

Mariam Orazal

Blog literario de novela romántica

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

criss!! ❤

Leer ayuda al corazón <3

A %d blogueros les gusta esto: