NO PASES DE LARGO: Fundación Josep Carreras


Hoy he salido a andar un rato, por estirar las piernas, que tantas horas al pc se van cobrando su precio. Mi paseo suele ser siempre el mismo: bajo la calle, sigo hasta el parque de doña Casilda (algún día tengo que hablaros de esa mujer) y vuelvo a subir. Alrededor de treinta minutos a buen paso, que a veces es todo el tiempo que me une al mundo real, en el día.

Y esta mañana, al bajar, he visto que había grupo de jóvenes frente a un centro de salud. He pensado que estarían recaudando fondos para alguna causa. No sé, Cruz Roja o algo así, lo habitual. Yo me he librado porque justo iba más gente por la acera, y se han dirigido a unos y otros. Me he fijado en que, ninguno, absolutamente ninguno, se ha parado a escuchar lo que tuvieran que contarles. ¿Qué puedo decir? No seré la que tire la primera piedra, cuando yo me he escabullido.

Siguiendo el paseo, he llegado al punto habitual y, al volver, como iba pensando en las batuecas, no me he percatado de que se me acercaba uno de esos chicos.

¡Zas, me pilló!

Como me sabía tan mal lo ocurrido antes, ese marcharse todos, unos negando sin más, otros murmurando una excusa posiblemente falsa y otros escabulléndose (como yo), me he parado. Y eso que, a pesar del frío, hacía sol y con el abrigo, menudo calor he pasado, de verdad. Creí que me daba un jamacuco, que es algo que suele decir mi madre pero que no sé si lo comparte la RAE.

Y resulta que trabajaban para la Fundación Josep Carreras. Estaban en una campaña de concienciación y captación de socios.

Supongo que muchos sabréis quién es, al menos eso espero. Yo sí le conocía, claro, pero el chico me comentó que muchos de los que paraban en la calle no tenían ni idea. Ya se sabe, la ópera no es algo que tenga mucha repercusión en el ciudadano de a pie. Pero Josep Carreras es un tenor muy famoso que hace años, cuando se encontraba en lo mejor de su carrera profesional, enfermó de leucemia.

Eran los años ochenta, tiempos en los que apenas se conocía la enfermedad y solo se salvaba el que tenía medios para irse “al extranjero”, esa especie de Tierra Prometida que nunca pisaremos la mayor parte de la humanidad, y eso con mucha suerte. La leucemia infantil, que es la más habitual, la más terrible, era además un campo desconocido, un auténtico cementerio, porque la esperanza de cura era ridícula, y que requería además de unos estudios que hicieran posible unos tratamientos menos agresivos.

Hablamos de niños. Hablamos de quimioterapia, de radioterapia, de cáncer y dolor.

De términos que nunca deberían estar unidos en un mismo pensamiento.

Pero, Josep Carreras se salvó y, al menos tuvo conciencia de su suerte, de la necesidad de cambiar las cosas. En vez de dar carpetazo a lo ocurrido y vivir la vida alegre y divertida de tanto rico sin neuronas, decidió hacer algo bueno por el mundo.

Creó la Fundación Josep Carreras y ayudó a organizar la primera base de datos de médula en el país, el Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO). Gracias a ello, los enfermos ya no dependen de las escasas probabilidades de ser compatibles con un familiar, sino que disponen de miles de alternativas, en una red que se ha unido a otras del mundo. Para algunas cosas, la globalización está muy bien.

En la charla que me dio el chico esta mañana, al sol, me enteré de que la Fundación se ocupa de la búsqueda del donante y del traslado de la médula, en un servicio totalmente gratuito para el enfermo, pero que cuesta un dineral, alrededor de veinte mil euros.

También invierte en investigación, por ejemplo buscando una mejora de esos tratamientos para la leucemia infantil que comentaba antes. Es una búsqueda que debería implicarnos a toda la humanidad.

Por supuesto, a veces, investigando sobre la leucemia o sus tratamientos, se encuentran mejoras para otros tipos de cáncer. Nada se malgasta, ni tiempo ni dinero, en esta clase de estudios.

Hasta ahora, el ochenta por ciento de los fondos de la Fundación venían directamente de Josep Carreras. Salvó su vida y eso fue bueno para todos, porque ha ayudado durante años a salvar muchas otras. En un mundo donde sobran tantos empresarios sin entrañas, tantos políticos corruptos, tanta gente mona que se supone es el no va más al que admirar, apareció por fin un hombre con talento, con posibilidades y con conciencia, que se ha dejado el tiempo y la piel en centenares de conciertos para ayudarte a ti.

Y a ti. Y a ti. Y a tu familiar, y a tu novio, y a tu hijo, el día de mañana.

Pero, claro, Josep Carreras ya tiene más de setenta años. No le queda mucho para tener que retirarse, ¿quién va a hacerse cargo de todo lo que implica la Fundación?

Esa era la causa de la charla, animar a conocer y animar a apuntarse como socio. Con cuotas para todos los bolsillos y todas las conciencias.

Pero la gente ni se detenía a la charla. “Supongo que es por las fechas”, me ha dicho el chico. Claro. Es que es Navidad. Es la época del amor, de la ayuda al prójimo, de querenos todos muchos, pero andamos corriendo de tienda en tienda, sin conceder ni dos minutos a una gente que intentan informar y concienciar de un problema grave. Otro más, cierto, pero no por eso hay que ignorarlo.

Me ha parecido irónico y muy triste.

Y, en los momentos más oscuros, quizá muchos penséis, como yo, que Josep Carreras seguro que se ha movido entre gentes de muchísimo dinero, de esas que bien podrían apadrinar la Fundación sin siquiera enterarse de que ya no tienen otro millón en sus cuentas.

Que, al final, siempre somos las pequeñas hormigas de a pie las que tenemos que esforzarnos por mantener un bastión del que se van a beneficiar ricos y pobres.

Pero ¿a qué perder el tiempo con esas ideas negativas? Ya somos todos mayorcitos, sabemos que el mundo es muy injusto y también hay que saber cuándo se debe presentar una batalla.

En este tema, lo único que importa, lo primero que hay que hacer, es solucionar el problema de la leucemia y alguien dio ya el primer paso. Hay una maravillosa organización, ya en marcha, que ha ayudado estos años a bajar el índice de mortalidad por causa de esta enfermedad. No podemos permitir que todo ese esfuerzo, esa ilusión y ese trabajo, se desvanezcan como si nunca hubiesen existido.

Si quieres hacer algo, lo que sea, lo que puedas, por echar una mano, actúa. Hazte socio, comenta en las redes, conciencia a quienes se lo pueden permitir. Hay mil modos de ayudar a que se cumpla el lema de la Fundación: HASTA QUE LA CUREMOS, NO PARAREMOS.

Por favor, NO PASES DE LARGO.

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