Una nueva esclavitud


El mercado de esclavos, de Jean-Léon Gérôme
El mercado de esclavos, de Jean-Léon Gérôme

Estaba escribiendo un texto (algo de fantasía erótica, podría decirse), en una ambientación que se basa mucho en la antigua Roma, cuando empecé a reflexionar sobre el tema de la esclavitud, de sus causas y la razón de que se mantuviera durante tanto tiempo, con el sometimiento de tal cantidad de gente, dentro del propio entorno. Tienes esclavos en casa: duermen en la habitación de al lado, te hacen la comida, te lavan la ropa, cuidan de tus hijos… ¿Vosotros os sentiríais tranquilos? ¿De verdad os comeríais lo que os pusieran sin dudarlo? ¿Dormiríais de un tirón toda la noche?

El miedo es un buen modo de someter a otros. Si sabes que, si le haces algo a ese que te obliga a llamarle “amo”, vendrá la guardia y te matará, lo más probable es que no hagas nada hasta que tengas muy claro que va a haber una oportunidad de salir con bien del intento. Pero, ¿realmente con eso, solo con eso, se hubiese mantenido el sistema, y durante tantos siglos? ¿Con tanta gente implicada? Es obvio que no. Se necesitó además la impresión, en buena parte de aquellos hombres, mujeres y niños sometidos, de una especie de seguridad, incluso de agradecimiento.

Es de imaginar que, en medio de todo aquel caos, aquel horror, un amo que te trataba bien, que te hacía sentirte seguro, inspiraba lealtad.

Si, además, permitías que tus esclavos tuvieran hijos, el sistema se reforzaba a sí mismo, porque, si tratabas bien a sus hijos, los esclavos los educarían en la creencia de que debían obedecer y callar. Era lo más seguro para ellos, ¿y qué más quiere un padre, sino que su hijo pueda vivir mucho tiempo y sin riesgos?

Como en los tiempos de tantas dictaduras o regímenes absolutos, en los que tantos padres han dicho a sus hijos que no se metieran en líos, que nada compensaba los riesgos porque ellos solos no iban a poder cambiar nada. Que lo cambiasen otros.

Oír, ver y callar. Obedecer.

En el mundo occidental que nos ha tocado en suerte, ese primer mundo del que tanto nos hemos enorgullecido hasta ahora, todo aquello quedó atrás, pero no nos durmamos en los laureles, que no ha pasado tanto tiempo. El ser humano ha estado más siglos aceptando la esclavitud que rechazándola. La iglesia católica, las autoridades civiles, las grandes eminencias de la política y la economía, encontraban muy beneficioso el sistema, aunque a veces les dieran distintos nombres, como las famosas Encomiendas.

Todo eso ha evolucionado, es verdad, y ahora hablamos de empleo y parados. De vagos y currantes. De que aquí no vengan listos a intentar vivir solo por estar viviendo, a ver qué se han pensado, cada cual arranque sus habichuelas del campo o que reviente. Ese es el pensamiento del neoliberal que piensa que no hay que protegerse en manada, sino comerse unos a otros libremente. El que no mira cuando a otro le pasa algo, porque “no es asunto suyo” y no debe haber un estado que coordine esfuerzos y busque impulsar un mejor modo de vida para todos.

Yo creo, con sinceridad, que hay una diferencia entre la cucharada que te metes en la boca para sobrevivir y la compra de tu tercer descapotable o el plantearte las vacaciones de verano en algún sitio molón, pero bueno, en nuestro mundo moderno todo se mete en el mismo saco: o trabajas o te mueres de hambre. Que la caridad no siempre es suficiente, y menos a medida que la crisis avanza y los países van quedando más y más pobres.

¿Qué pasará cuando el mundo moderno se haya hundido aún más? Cuando sea evidente que NO HAY TRABAJO PARA TODOS. Cuando cuatro canallas aprovechen para pagarte una miseria por trabajar de sol a sol, y meter horas extra sin pago por las noches (y, encima, agradecido). Cuando familias enteras queden en la indigencia, los ancianos no tengan jubilaciones ni los jóvenes un futuro. ¿Qué ocurrirá entonces?

¿Podrán variar las leyes para que uno pueda venderse como esclavo y, así, al menos poder paliar el hambre? ¿O seremos lo suficientemente hipócritas como para ver mal eso, pero no el dejar que tanta gente viva en la miseria, mientras cuatro afortunados acumulan en sus cuentas la riqueza planetaria?

Ayer, en broma, le dije a mi marido que le iba a poner en venta, en Ebay, como esclavo. A ver a cuánto salía la cosa al final. Quizá, si nos adelantamos a todo el resto inmenso que vendrá después, podamos hacer un dinerito.

He creado una encuesta, más por probar el sistema que por otra cosa, pero si te apetece contestar y/o comentar, genial. La cuestión no es qué pienses ahora mismo, sino que reflexiones sobre todo esto y trates de hacer una predicción a la larga. ¿Será posible que se pierda todo respeto a los supuestos Derechos Humanos y volvamos a la esclavitud, aunque la llamemos “apadrinamiento civil”, “encomienda” o cualquier otro nombre que viene a encubrir la misma realidad. Tu opinión me interesa.

Cada vez que veo a un impresentable hablando de bajar sueldos y aumentar precariedad laboral, solo porque hay que asumir la situación de crisis (en vez de solucionarla metiendo en la cárcel a los que la van provocando y aumentando), pienso en esto. ¿Acaso no aplaudiría si ya no tuviera que disimular y puede vendernos como carne útil en grandes mercados?

Vamos a tener que mirar de frente al lobo, a los ojos y sin pestañear, para reaccionar por fin y darnos cuenta que el enemigo no es ese otro que quiere nuestro puesto de trabajo, sino quien ha provocado la situación de que tengas que enfrentarte a él, simplemente para poder sobrevivir.

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