El negocio del coltán


Antes, tú y yo no lo sabíamos. Éramos inocentes, pero ya no podemos seguir diciendo lo mismo. ¿Tienes un móvil? ¿Una tablet? Pues puede que no lo sepas, pero lo que se está haciendo con el negocio del coltán, es imperdonable. Masacres, miseria, violaciones… Todo eso, y más.

Es obvio que necesitamos los móviles. Quizá, hasta necesitamos las tablets, no digo que no. Son comodidades del mundo moderno; más que eso, exigencias si queremos seguir avanzando. Pero, si no exigimos un control sobre cómo han sido creados, si no pedimos que se cumplan los derechos humanos y que sea el propio pueblo del Congo el que se enriquezca con sus materias primas, somos cómplices de estas aberraciones.

Eso sí, cuando veo estas cosas, entiendo que en nuestro país haya personas que pasen olímpicamente de los millones de parados sin calefacción, sin casa, sin comida ni esperanza que han generado con sus juegos bancarios y su política neoliberal salvaje. De poder hacerlo, también los pondrían a picar, claro que sí. Simplemente, hay gente que no tiene entrañas.

Que un ser humano sea capaz de permitir que otro ser humano viva en estas condiciones, me resulta increíble.

Especial mención al tema chino: en sus acuerdos con Congo, ellos llevan los funcionarios y los trabajadores, PRESOS a los que reducen condena por trabajar allí. Al tiempo, la de gente que va a ir a la cárcel en China o se verán con sentencias larguísimas por nada… bueno, sí, porque se necesite mano de obra gratis para el coltán del móvil de última tecnología que usa el tipo apoltronado cómodamente en su sillón de diseño.

Y, cuando se invente otra cosa o se agote el coltán, ahí te quedas, pueblo del Congo. Tan pobre como siempre fuiste. No, ojalá. Lo será  más todavía.

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