Documentación: EN AGUAS EXTRAÑAS


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by Francisco ETCHART
Traditional Art / Paintings / People
©2006-2017 Francisco ETCHART

Ayer, martes 14 de marzo, se publicó mi nueva novela, EN AGUAS EXTRAÑAS, finalista del VII concurso Vergara-RNR.

Es una historia ambientada en el año 1666, en pleno siglo de Oro español, esos tiempos en los que el imperio de las Españas brillaba con fuerza en un día eterno (sobre sus tierras nunca se ponía el sol), mientras avanzaba a trompicones hacia su ruina.

Por suerte, soy una de esas personas que han nacido con una sensibilidad especial para la Historia (me encantan casi todas las épocas antiguas, en cuanto algo tiene un par de siglos de antigüedad me provoca una atracción muy especial, aunque siempre digo, y es verdad, que no me gustaría nada viajar al pasado), porque, a la hora de escribir romántica histórica, la documentación es algo básico y hay que tomárselo muy serio.

Año de Nuestro Señor de 1666.

¿Qué dirías tú de esa época?

Cuando empecé, yo tenía en mente una mezcolanza inconexa de datos aprendidos de acá y de allá a lo largo de mi vida. Algo que, desde luego, no hubiera servido para construir ninguna historia realmente válida. Pero conté con internet.

Gracias a la red tuve un atisbo de cómo fueron la gran Sevilla, por aquel entonces la cuarta ciudad europea en población, aunque estaba intentando salir adelante tras la gran epidemia de peste del 1649; de Haití, que ya era un lugar convertido en el reverso oscuro de La Española; o la Dominica, ese punto vital en los viajes al Nuevo Mundo, eterno lugar de paso, donde, si no lo cuidabas, nada podía durar mucho.

Por cierto, el Bois Kwaib, ese árbol de hermosas flores rojas que solo se da allí, es hoy en día uno de sus distintivos nacionales.

Supe qué era el Mar de las Yeguas, cómo era el viaje a través del Mar de las Damas, qué se hacía al llegar por fin a la Dominica y de los orígenes de Roseau; de cómo podría haber sido el asentamiento de Tortuga, con su Cofradía de los Hermanos de la Costa y el funcionamiento del  famoso matelotage.

Descubrí los matrimonios por sorpresa, que realmente existieron, para sobresalto de más de un párroco, y cómo era la vida en la Flota de Indias. Datos generales sobre qué se transportaba, qué se comía, el modo en que se organizaba algo tan enorme, pero también otros más concretos, como que la Flota de la Nueva España de 1666 constó de noventa y seis barcos exactamente, tal y como se cuenta en mi historia, y que navegó con el capitán general Echávarri al mando.

Aprendí cosas sobre la relación de don Juan José de Austria, el bastardo que Felipe IV tuvo con la Calderona, educado para reinar como recurso de emergencia, porque realmente era inteligente y tenía el carisma necesario para ocupar un trono, pero sin gozar nunca del título de infante, y la reina regente Mariana de Austria, madre de Carlos II el Hechizado, el último rey de los Austrias, antes de la llegada de los Borbones. Ambos vivieron sus días enredados en una lucha de poder en la difícil situación política del momento.

Aunque a efectos de esta novela importe poco, la realidad es que ninguno de ellos llegó a lograr sus objetivos.

También leí sobre José Malladas, por cierto, un caso extraño del que poco se sabe. Su detención y ajusticiamiento en la misma noche hace pensar que estaba metido en algún asunto muy grave que, posiblemente, no tuvo nada que ver con lo que se mencionó en la época. Como escribo ficción, además de historia, me he permitido insinuar lo que a mí me ha parecido mejor, en lo que no se sabe y quizá ya no se descubra nunca.

Disfruté mucho, al documentarme, descubriendo cosas sobre la aportación a la esgrima de todos los tiempos que hizo el gran maestro de espada don Luis Pacheco y Narváez, con su Verdadera Destreza. Y, cómo no, sobre María de Zayas, autora de maravillas (así las llamó a las obras de su primera colección, desengaños a las segundas. Hay que tener en cuenta que el término “novela” tenía un matiz peyorativo en la época) atrapada en un siglo que no le correspondía y que, gracia a ella y a otras mujeres como ella, nosotras podemos vivir en el nuestro de un modo muy distinto.

Me hubiese gustado mencionarla más y extenderme en esos mil detalles a través de los cuales podemos ver la división social de la época, las líneas establecidas firmemente entre clases y géneros, como los comentarios que leí sobre los zapatos femeninos de la época o las cartas de perdón de adulterio, que nunca hubiesen debido existir, simplemente porque estaban relacionadas con un delito de género, algo que solo se consideraba punible cuando quien lo cometía era una mujer.

Pero, me temo que la novela ya se me iba demasiado de páginas, así que tuve que contenerme. Es lo que tiene, escribir con una ambientación tan maravillosa, en la que importan tanto las aventuras de los protagonistas como ese mundo impresionante que hay que de fondo.

Yo he contado mi historia pero, de todos esos temas fascinantes, puedes encontrar mucho material en la red. En esas aguas tan extrañas que nos ha traído nuestro tiempo.

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