Hambre de Trol


Caspar David Friedrich, Klosterruine im Schnee, 1818

En la hora del crepúsculo,
Cuando el frío viento cuenta,
Secretos que solo entiende,
Quien la cordura desecha,
Quien yace en frío sepulcro,
Y quien ni de noche reza,
Va caminando un muchacho,
Por una antigua vereda.

Lleva embozada la capa,
La nieve en sus pliegues pesa,
Hace un frío del dnyookas”,
No lo dice, solo piensa,
De sus labios solo surge,
Una triste, triste endecha,
Canción pesarosa que canta
A quien la vida le diera.

Fría tumba dejó atrás,
Su madre yace bajo ella,
Consumida por ese gris
De la mísera pobreza,
Gris de hambre, gris de frio,
Gris de sueños que se alejan,
Y él se alejó también,
En pos de luces más bellas.

Huellas que no tienen rumbo,
En la blanca nieve deja.
Oídos con que no escucha,
Los aromas no le llegan,
De sus labios solo sale,
La triste canción que alienta,
Ojos que miran sin ver…
El mundo blanco se queja.

Se ha engalanado, y él,
No contempla su belleza.
Árboles de fino cristal,
En el río se reflejan,
Sobre superficie helada
Se deslizan con pereza,
Sueños que nadie ha soñado,
Nadie llora que se pierdan.

El joven avista un puente,
Blanco hielo, blanca piedra,
Negro profundo en lo bajo,
Frías guirnaldas desean
Asaltar esa negrura, romper
Su mundo oscuro sin líneas,
Sin gradientes, sin matices,
En vano su intento queda.

Negro oscuro, oscura noche,
Noche firme, noche negra,
Emboscada bajo el puente,
Bajo el frío puente eterna,
El joven no la percibe,
¡Peligro!, no se da cuenta,
Que aunque camine sin rumbo,
Mortal es, mortal su endecha,

Mortal la canción que canta,
Mortal el cuerpo que tiembla,
Mortal, por tanto cegado,
A lo que esa noche alienta.
Aquello que espera impaciente,
A que pise blanca piedra,
Olfatea ya su espíritu,
Emoción intensa… tiembla,

El hambre es un gran rugido,
Que toda su esencia llena,
Necesidad inmediata,
Plena satisfacción espera,
El joven da un nuevo paso…
¡Tensión! ¡Delirio!… Prudencia,
si lo asusta antes de entrar,
su hambre seguirá, eterna,

¡Hace tanto que las gentes,
evitan la estrecha senda,
que conduce hasta el puente,
bajo cuya sombra acecha!
Unos saben, otros oyen,
Otros dicen, otros tiemblan,
Otros, sin duda, no creen,
Y están, también, los que cuentan,

En relatos y canciones,
Que bajo la sombra aquella,
Habita una… criatura,
De descripción muy compleja,
Pero de hambres sencillas:
De espíritus se alimenta,
Cuanto más intensa emoción,
Más su apetito deleita.

El joven que canta, avanza,
Sobre el puente ya se encuentra,
Liberado de sus magias,
Aquello ante él se muestra,
El muchacho abre la boca,
Asombrado al poder verla,
¿Es criatura de hielo, o es
Una sombra apenas?,

Sombra de plata que gira,
Sobre desgastadas piedras,
Transparente por momentos,
Blanco puro también muestra,
Alta, como dos muchachos,
Gruesa, como dos carretas,
Rostro horrible, en que brillan,
Grandes ojos, luz artera,

¿Qué vislumbro?”, dice el joven.
¿Es delirio o es quimera?
¿Producto de enfermedad,
o lo que mi imaginación me muestra?

Presuntuoso mortal,
brama el trol, con risa fiera,
No me creaste, ni existo
Solo porque tú lo quieras,

No tienes nada que ver,
Con lo que ahora contemplas,
Yo soy el trol de este puente,
El que a quien lo pisa, quiebra.”

Extraño trol eres tú,
A quien la luz atraviesa,
Y a quien la luz de este sol,
No convierte en fría piedra.”

“Yo soy un Trol del Espíritu,
Que de almas se alimenta,
La luz de día, o de noche,
Mi piel mística no encuentra.”

Eres un ser singular,
toda mi inquietud despierta”,
¿Sientes miedo de mí?”.
No, inquietud para una endecha,

Una canción muy nostálgica,
Ya mi mente notas mezcla.”

¡No!

¿No?

Las canciones sobre mí,
Los caminantes alejan,
Hace mucho que no tenía,
Tanta hambre, buena cena,

¿Yo soy tu cena, entonces?

Tu esperanza, veo, se aleja,
Siento la fuerza que sientes,
La emoción intensa llena,
Todo rincón de tu alma,
Una pena grande pesa.
¡Bien! De esa clase de emociones,
Mi necesidad se alimenta

El trol da un paso al frente,
Un gran miedo al joven ciega,
Y en dar un paso hacia atrás,
Todo su espíritu piensa
Pero las magias del trol
Su cuerpo con fuerza tensan
Sus piernas como dos bloques
De hielo muerto se quedan.

Brazos y tronco muy rígidos,
Los ojos, su órbita tientan,
El aliento, entrecortado,
Mientras, el trol que se acerca,
Una mano ha adelantado…
Dedos en que la muerte se enreda,
Como largas cintas grises,
Cintas gris que transparentan,

Huesos que solo luz tienen,
Huesos fríos, que revelan,
Que necesitan su estímulo,
El alma del chico anhelan,
Para ellos, es como un fuego,
Lo único que el frío aleja.
Lo único que calma el hambre,
Que el frío interior gobierna.

Desesperado, el muchacho,
Rebusca entre las proezas,
Historias que conocía,
Intentando hallar aquella
Que por su historia, su aire,
Quizá por su gentileza
Interesara a ese troll,
Cobrarla como moneda.

Los relatos centellean,
En su mente, cual hogueras,
Ya son muchas, y muy nobles,
Pero ninguna certera,
Ninguna es en sí adecuada,
Ninguna, moneda entera,
Las contempla en su conjunto,
Y comprende la manera.

Las emociones que dices”,
dice, con voz clara y serena,
que las magias nada estorban,
Buenas palabras las llevan,
Llorar puedes con canciones,
Vibrar, con las grandes gestas.
Dices que no viene nadie,
Dices que todos se alejan,

Escúchame, trol, yo te ofrezco,
Sus emociones intensas,
Todas, las de todo el mundo,
Todas las que al mundo aqueja,
Las que les hacen felices,
Las que les llenan de pena,
Viajaré, buscaré historias,
Atesorarlas me empeña,

Cuando emprendí este camino,
Encontrarlas fue mi lema,
Y cuando pase ante un puente,
Con palabras zalameras,
Llamaré, para que acudas,
Y cuando acudas, que bebas,
Todos esos sentimientos,
Ora de canción austera,

Ora de soberbia rima,
Ora de historia que ondea,
Colgando de ese hilo eterno,
Del corazón de las sendas,
Que recorren este mundo,
Atando reyes y haciendas,

Al noble de alto linaje,
Al pobre que el hambre atormenta,
A quien está enamorado,
Y a quien el odio inquieta,

Si dejas vivir mi alma,
Todas ellas serán puestas,
A tus pies, troll del espíritu,
Puesto que emoción deseas.

Calla el joven, ya ha dicho
Cuanto de su parte fuera
Posible alegar por su vida,
Aguarda su consecuencia.

El trol está temblando,
De ansiedad por las leyendas,
Que sin duda aliviarían,
El hambre que su interior hiela,
Quiere vivir las canciones,
Beber las bellas quimeras,
Nadar en pozos sin fondo,
inmensas las almas eran.

Accede con un rugido,
Que estremece la acuarela,
Que es el vasto mundo blanco,
Que en silencio les contempla,

Tú serás el Caminante,
Yo, quien bajo los puentes sueña,
Con las historias que cuentes,
Con las rimas que procedan,
De esos relatos que pagan,
Desde ahora tu existencia,

Y el día que no me pagues,
El día que en tus labios mueran,
La inspiración, las historias,
Las canciones, las leyendas,
Ese día, joven bardo,
Tu espíritu será moneda.”

La luz del trol se disipa,
Y del paso ya se aleja,
Bruma de plata que fluye,
Como una lluvia lenta,
Al interior de su puente,
A la oscuridad completa.
A la negra, negra noche,
En la que espera, siniestra.

No queda nada en el puente,
Excepto un joven que tiembla…

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