Nombres y literatura


Esta semana, @Lecturalia, la cuenta de Twitter de una red social literaria que recomiendo mucho, puso este enlace en twitter: http://www.hojaenblanco.com/el-sorprendente-asunto-de-los-manuscritos-rechazados/

Siempre sorprende leer estos casos de grandes autores ninguneados por las editoriales cuando se presentan con nombres falsos, aunque es un tema ya más que habitual.

Sorprende y, no lo neguemos, gusta, porque todos llevamos un escritor en el corazón (o eso parece hoy en día) y, quien más quien menos, ha enviado su bonita novela, esa joya literaria que tanto ha costado crear de la nada, para solo recibir silencio como respuesta.

Bueno, a veces, la consabida carta genérica de “lo sentimos mucho pero no entra dentro de nuestros planes editoriales” o cortesías del estilo.

Anima pensar que, seguramente, las editoriales ni leen los manuscritos antes de amontonarlos en las papeleras o borrarlos del buzón del correo electrónico. Tener la esperanza de que no te rechazan a ti porque tú, en concreto, seas malo y no cuentes con la calidad suficiente.

Pero, a la vez, si lo pensamos bien, esto es peor, mucho peor, dónde va a parar. De ser nuestra novela mala de solemnidad (que siempre es posible, una primera obra suele estar muy verde, por mucho que nos guste a nosotros), si las editoriales dieran las mismas oportunidades a todos los autores que les llegan, o los lectores comprasen por el interés que pueda suscitar su sinopsis, y no por el nombre del autor, al menos nos quedaría la esperanza de que, hacerlo mejor en un segundo trabajo, o en el tercero, daría como consecuencia un resultado distinto.

De que, adquiriendo oficio (como deberíamos hacer siempre antes de enviar cualquier cosa, por cierto), sí nos leyesen por fin, con lo que tendríamos una oportunidad literaria más que merecida.

Pero… no. Lamentablemente, el océano literario es oscuro y proceloso, estas pruebas o experimentos que se hacen cada dos por tres, lo demuestran. Y es que, vayan con un nombre o con otro, no podemos olvidar que los autores mencionados como ejemplos son buenos escritores, excelentes, dentro del gremio. Hablando de gustos personales, se podrá dudar de la calidad de alguno, pero no de todos.

Si ellos no consiguieron despertar el interés de las editoriales, si sus textos fueron arrinconados sin leer, si los lectores no les prestaron atención cuando les publicaron con nombres anónimos, ¿por qué íbamos a tener mejor suerte nosotros, todos los demás, el millón de hormigas de la gran marabunta literaria?

No, no venden los textos. Si eres un desconocido, no te empeñes en dar mil vueltas con la misma novela llamando a mil puertas, da igual lo bien que escribas, venden los nombres. No hay más misterio en el tema. Vivimos en un mundo de celebrities, ensordecidos por una publicidad que estalla de forma fortuita (o eso parece) y atolondrados por la admiración inmediata, la que supone el mínimo esfuerzo.

Y no puede reprocharse nada, a ver. Las editoriales son un negocio, como pueda serlo una fábrica de tornillos. Publican apostando lo menos posible y con la misma intención: ganar dinero. Punto. Quizá algún novel pudiera tener suerte por alguna alineación cósmica o rarezas por el estilo. Pero, llegar y besar el santo supondría tener más suerte de la necesaria para que te toque la lotería. Y, a la mayor parte de los humanos, no nos toca nunca.

Es injusto. Es frustrante… pero, es lo que hay. Que en las estanterías de las librerías encontremos tantos libros con el nombre del autor más grande que el propio título (qué costumbre más lamentable me ha parecido siempre), no responde a un capricho, ni a la pura casualidad.

Pero, por supuesto, si de verdad quieres ser escritor, hay que seguir adelante, no hay más remedio. A los desconocidos que no salimos en la tele ni hemos tenido un golpe de suerte, siempre nos queda la puerta trasera, la de ir haciéndote conocido poco a poco gracias al trabajo continuo, novela tras novela, sin impaciencias y midiendo bien lo que publicamos y con quién lo hacemos.

Y con humildad, ojo. La ambición del papel frustra muchos buenos intentos. El entorno natural del novel, ahora mismo, es el mundo digital, con una buena editorial. En él hay una mayor flexibilidad, porque no hay gastos de publicación. Ese apoyo va ayudando a generar una fama propia.

A partir de ahí, quién sabe…

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