01 Recuerdos y delirios de la vida: Oriente Espantoso


Niño que ha visto algo espantoso. ¡Sí, exacto! ¡Por eso elegí la foto!

¡Buenas! Nueva sección de las que voy creando y olvidando. Y no, no me voy a meter con el oriente, ni el próximo ni el lejano, este artículo no va de eso, sino de nombres.

Todo escritor (y, por lo tanto, todo ser humano), sabe que buscar un buen nombre para sus personajes, puede ser algo realmente complicado. No puedes elegir cualquier cosa, es uno de los rasgos más importantes de tu protagonista. Bastante tenemos con el lastre de haber crecido (y seguir creciendo, nuestros hijos) con una gran mayoría de libros cuyos nombres están mayoritariamente en inglés (más que nada porque es a ellos a los que publican).

No nos suena igual de molón Isabel que Elizabeth. Dónde va a parar un buen Peter, frente a un vulgar Pedro de andar por casa, ¿no?

Arrr… os juro que soporto mal la anglofilia que nos rebaja.

Pero, bueno, en todo caso, el nombre, tiene que tener fuerza, ser llamativo, lo más original posible y a la vez fácil de recordar.

Estaba pensando yo en estas cosas, cuando me acordé del nombre más curioso con el que me he topado en mi vida: Oriente Espantoso.

No, no es una broma. No, no he bebido. Y, no, no me lo estoy inventando para rellenar un post de mil palabras (a diferencia de este paréntesis, que no tiene otro sentido). Es un nombre, tal cual, que vi el DNI con estos ojitos, y espero que el hombre que lo llevaba, un taxista de Bilbao, siga bien.

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Los de Bilbao nacemos donde queremos y aparcamos donde nos da la gana. ¡Faltaría más! ;DDD

Añado, para vestir más al personaje, que era moreno, no muy alto, rondaría el metro setenta y cinco, delgado, con barba corta, y muy simpático. Tras tantos años, también puedo reconocer sin problemas (en aquella época, no me hubiese atrevido; más tímida y ni me atrevo a nacer, así me ha lucido el pelo en la vida), que me resultaba muy atractivo.

Oriente Espantoso… Sinceramente, ¿no pensáis que, si has sobrevivido al colegio con semejante nombre, te comes el mundo y más allá? Yo imagino que ya nada puede detener a alguien así. Solo imaginar las tontunas en el recreo, se me ponen los pelos como escarpias. «¡Espantoso, Espantoso!». Qué majos, los niños. Eso, por no hablar de las bromas sobre los Tres Reyes Magos de Oriente, si es que a alguien se le ocurrió. Igual solo es cosa mía.

Conocí a Oriente cuando yo tenía poco más de veinte años y trabajaba en el Juzgado, haciendo una sustitución. Hasta recuerdo el asunto por el que estaba allí, una queja de alguien de su entorno porque había puesto un armario en el garaje, en su zona de aparcamiento, de modo que «perturbaba» la santidad del sitio, o algo así.

Eso de la santidad lo digo yo con sarcasmo, claro. Es que, pese a los años transcurridos, sigo sin entender por qué uno no puede poner un armario en su espacio de aparcamiento, si le da la santa gana de irse a Ikea y comprárselo (y consigue montarlo, claro). Aunque, como no tengo carné de conducir igual se me escapa alguna cosa de conductores y eso. Ni idea, vaya.

Lo del armario lo recuerdo bien porque fui con la jueza a hacer un reconocimiento del lugar. Nos llevó el propio señor Espantoso, en su taxi, hasta el garaje. Allí vimos el armario del demonio y…

Bueno, que puedo decir.

Ya, si lo sé, no cuela que la niña esta viera el armario, pero no tengo fotos del dichoso mueble y me han dicho que, si quiero un post viral, ¡que meta fotos, hala, fotos, que a Google le gusta!

Había un armario, sí. Algo así de alto y así de ancho, y de poca profundidad, que apenas sobresalía de la pared. Creo que destacaba más cualquier tubería o columna de los lados. Por si eso no fuera suficiente para provocarle un sentimiento de inferioridad al pobre mueble, el sitio estaba pintado de blanco (blanco sucio, tengamos en cuenta que era un aparcamiento, pero blanco), con una línea negra o igual más, pero una seguro, recorriendo todo de lado a lado.

Pues Oriente había pintado el armario exactamente igual que la pared. La línea pasaba por él de tal modo que casi ni se veía. Quedaba muy disimuladito.

Y por esa afrenta contra la norma que debe decir en algún sitio «no pondrás armarios que destaquen en tu rincón de aparcar el coche», tuvimos que iniciar un expediente en el juzgado, rellenar providencias y notificaciones, firmas por aquí y por allá, y trasladarnos hasta allí para mirar el lugar «in situ».

De verdad, las disputas entre vecinos, una de las cuestiones más habituales en aquel Juzgado, eran para alucinar. Ya os contaré otras, cualquier otro día. ¡Pero solo si ponéis comentarios en este artículo!

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Zafarrancho de combate. El del cuarto contra el del tercero del bloque de al lado. ¡Sin piedad!

Oriente Espantoso era plenamente consciente del efecto que producía su nombre, por supuesto. Creo que hasta le divertía el apuro que pasaba la gente. Tendríais que haber visto a la auxiliar administrativa, una señora que se jubiló durante mi estancia allí (y que era una mujer maravillosa, por cierto, fue mi maestra y mi amiga), mientras se dirigía a él.

A ver, yo era joven y astuta. Creo que evité siempre los nombres, y listo. Con un «Oye, fírmame aquí, por favor», ambos nos arreglábamos. Incluso, de ser necesario le podía llamar «Oye, Oriente», que era como me salía del alma. Oriente es un nombre original, bastante bonito. Es como llamarse África y mucho mejor que llamarse… No sé, no diré nombres, no se vaya a enfadar alguien. Uno de los habituales, de los que hay ocho en cada aula del colegio, como poco.

Pero, aquella auxiliar administrativa, era una mujer mayor. Para ella, el tuteo estaba descartado de primeras, y supongo que estaba tan perpleja por la situación que era incapaz de sortear lo del nombre, de modo que, entre sudores, le decía aquello de «aquí tiene su copia, señor Espantoso». «Fírmeme aquí, señor Espantoso». «Tenga usted un buen día, señor Espantoso».

Y, cuando salía, nos miraba a la agente judicial y a mí y decía, agobiada y tímida:

—¡Pero cómo puede ser! ¿Cómo es posible? ¡Debería cambiarse el nombre! ¡Lo paso fatal!

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Más o menos. Buscando “señora tímida” en Google solo me salen jovencitas en sostén…

Ah, pobrecilla, qué nos iba a decir. La agente judicial y yo ya nos habíamos mirado antes, sonriendo, al verla tan apurada.

¿Y, cambiárselo? No, en absoluto. La sonrisa del «señor Espantoso» al ver el mal trago que estaba pasando aquella pobre señora, era evidente. Le hacía gracia la situación, él la disfrutaba más que nadie. Al menos, eso creo, claro. Nunca lo comenté con él. ¿He dicho ya que me parecía muy guapo? Pues eso. Como para hacer otra cosa que balbucear a ratos.

No he vuelto a verle. Ojalá, esté donde esté, siga sonriendo. A veces pienso en su armario (en el armario, sí. ¡Pero mira que eres mal pensado).

Y, vosotros ¿conocéis algún nombre que supere a Oriente Espantoso?

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7 comentarios en “01 Recuerdos y delirios de la vida: Oriente Espantoso

  1. Pingback: Reblogueando. Del blog “solo DIAZ DE TUESTA” | Nuria Rivera Escritora

  2. channeldrama

    Jajaja Aish… y yo pensaba que era difícil superar lo mío, pero mira, siempre hay quien lo supera. Tú me conoces como Mery, pero me llamo Emérita. Imagina las clases de Historia y la llegada a los romanos con su Emerita Augusta y todas las cabezas de niños primero y adolescentes después ante la mención. Yo, muy fina, aprendí que si no me hacían caso cuando decía que quería que me llamasen Mery y no Emérita, lo mejor era escribir “Mery Eirabella” en los encabezados de los exámenes, ahí donde se ponía el nombre. Al final pocos sabían mi verdadero nombre. Creo que, aparte de las mujeres que llevan el nombre en mi familia (una tía abuela y la hermana de mi madre), solo he conocido a una Emérita cuando trabajaba en un ayuntamiento allá, en la montaña lucense. Allí donde nevaba con ganas, que empezaba a nevar ahora y en media hora ya no podías salir del pueblo y te tenías que quedar en el hostal del lugar, que solo había uno, pero muy mono.
    Pero lo peor no era el nombre, no, lo peor era el apellido. No recuerdo ya las bromas que hacían, pero tú imagina ese nombre con ese apellido y hazte una idea de lo que he tenido que vivir. Sobre todo porque hacían traducción libre del gallego y se cargaban el apellido, lo que me fastidiaba horrores.
    Recuerdo una vez, recién operada de la espalda (tenía 20 años) que tuve que acudir al cirujano para una revisión de la herida y sale la enfermera muy garbosa a llamarme. Desde dentro oigo al cirujano diciendo a la enfermera: “grita más, que la abuelita no te va a oír”. Cuando entré en la consulta se quedó a cuadros y no sé si lo pasó peor él o yo. Supongo que yo, porque era más joven. El hombre tuvo la decencia de pedirme disculpas, pero que “por el nombre esperaba una abuelita” y, aunque intentaba mejorar las cosas, no lo consiguió. Creo que, operada y todo, nunca corrí tanto para salir del hospital. En ese momento me prometí que me cambiaría el nombre, que no volvería a pasar por una situación así. Estaba indignadísima, aunque ahora que lo veo desde la distancia me río por mi estupidez.
    Ahora, excepto un amigo de hace más de veinte años que me llama “Meritiña” cuando me meto con él (tenía una novia, también de la montaña lucense, que le llamaba Jusein Luís en lugar de José Luis, debido al gallego cerrado que hablaba y claro, no puedo evitar soltarle cuando lo veo un “Jusein Luis” y eso que nos vemos cada X años), nadie hace bromas. Pero lo de la pronunciación es otra cosa: Emerita, Emeríta, Émerita, Eirabela, Erabella, Eirabedra… imagina todas las combinaciones posibles y acertarás 😀
    Aish… mi madre estaba inspirada el día que decidió darme el nombre. Podía haberme llamado Áurea, como su madre. Justa como mi abuela paterna no, que imagina las bromas que me habrían caído.
    El caso es que ella esperaba un niño y tenía el nombre decidido: David, como su abuelo. Pero nací muy prematura (tenía mucha prisa por salir) y le dijeron que tenía que darme un nombre ya porque probablemente no sobreviviese o algo similar, ella acababa de dar a luz, estaba mal y mi tía estaba frente a ella, así que Emérita me quedó.
    Ahora que lo pienso, si ahora que tengo cuarenta años escucho eso de “grita más que la abuelita no te va a oír” me da un chungo jajajajaja.
    Un besote, Yolanda.

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    1. Juas, pobrecita ;DDD Yo creo que alguna Emérita había en Zamora, tengo que preguntarle a mi madre, ;DD De todos modos, no está tan mal el nombre, aunque pasa eso, que generalmente ya solo lo llevan personas muy mayores, queda raro en una chica joven, como tú ;D Lo único eso de la emérita augusta jaja. Gracias por comentar, compi, y por aportar tus anécdotas, me he reído un montón! ;DDD Besos! ;DD

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