#UTEET: Giovanni y Sarah Belzoni


Cosas que se aprenden mientras se escribe novela romántica histórica...
 [ver UNA TARDE EN EL TÁMESIS]

Giovanni Battista Belzoni fue un auténtico aventurero, hombre que dio tumbos por una vida llena de momentos interesantes. Para cuando llegó a Egipto, había tenido muchos empleos, entre ellos el de forzudo de circo (se hacía llamar el “Sansón Patagonio“). No había mostrado, que yo sepa, ningún interés por la Histora. De hecho, su intención al viajar a Egipto, era la de vender a Mehmet Alí, el gobernador de Egipto, un ingenio, una noria, que no llegó a funcionar (quizá por haber sido saboteada, he leído por ahí).

Pero el tiempo demostró que, lo suyo, era moverse por el antiguo Egipto a la caza de tesoros.

Giovanni Belzoni formó parte de los agentes al servicio de Henry Salt. Aunque sus métodos no eran muy ortodoxos (llegó a usar un ariete para abrirse paso, además de salvajadas de todo tipo), no podía negarse que resultaban eficaces.

Realizó numerosos hallazgos importantes, como la tumba de Seti I, el del templo de Abu Simbel o la entrada a la pirámide de Kefrén.

Allí, mientras esperaba a que abrieran la cámara funeraria, dejó su nombre, para la posteridad, en una firma fechada el 2 de marzo de 1818. En el momento en que escribo esto, quedan pocos días para que se cumplan doscientos años justos de aquel momento.

La pirámide había sido saqueada ya en el llamado Primer Periodo Intermedio, con lo que, mucho no se encontró. Imagino su enorme decepción.

Belzoni llevó a Londres el sarcófago de Seti I en el año 1821, con la intención de exponerlo y luego venderlo al Museo Británico.

En mi novela UNA TARDE EN EL TÁMESIS se menciona esa exposición, a la que acudieron los protagonistas: quizá por su tiempo en el circo, Belzoni supo organizar un buen espectáculo, con la reproducción de la tumba y la retirada de la venda de una momia. Invirtió tanto en ello que, una parte de la exposición estuvo iluminada a gas, en un tiempo en el que ese sistema estaba empezando a implantarse. Debió ser un evento realmente llamativo.

En todo caso, cuando el interés público por la exposición decayó, Belzoni no consiguió vender las antigüedades al Museo Británico. Por suerte para él, sí se mostró interesado sir John Soane, un reconocido arquitecto, que lo adquirió por dos mil libras esterlinas. El sarcófago todavía sigue en su museo.

No quiero terminar sin mencionar a alguien muy importante que compartió con él esa vida aventurera. Sobre todo porque la aportación de Sarah Belzoni (nacida Sarah Banne), su esposa, para el conocimiento humano de las zonas que visitaron, fue igualmente interesante.

Solo he encontrado ese curioso dibujo de ella. Por supuesto, por lo general, apenas se la menciona de refilón al hablar de su marido (si se la menciona) y raramente es merecedora de un apartado propio.

Y es una pena, porque, por los hechos conocidos, debemos imaginarla intrépida y decidida, una auténtica heroína de novela. Desde luego, para nada una damisela de la época, no fue alguien que se quedara a esperar, en la comodidad de un país más avanzado, ni que se sintiera arrastrada por su esposo a una vida errante. Al contrario, es evidente que tenía su propio sentido de la aventura, intereses propios en aquellos viajes y mucha curiosidad.

Por ejemplo, acompañó a su marido a Tierra Santa, y fue en mula a Jericó, Nazaret y Belén, tratando de mantenerse siempre independiente de otros viajeros europeos (quizá por lo atípico de su conducta y las pocas ganas de dar explicaciones a nadie).

En Jerusalén se disfrazó de comerciante árabe y visitó la mezquita de Omar, prohibida para mujeres y para no musulmanes. Era algo que quería hacer, no algo que le impusiesen, y buscó el modo de conseguirlo. Solo por esto, reconozcámoslo, merece una película propia.

Sarah debió ser una mujer muy valiente (yo creo que no me hubiese atrevido a tanto), y estar muy ansiosa por saber y aprender. Una de esas mujeres de las que ha habido en todas las épocas, pero que, en una historia contada por y para hombres, han sido olvidadas.

Por si eso no fuera suficiente, en las ocasiones en que su marido la dejaba en el alojamiento, para ir en busca de algún descubrimiento, aprovechaba para recopilar información sobre la vida de las mujeres en diversos países. Sus apuntes resultan hoy en día de gran valor a la hora de saber detalles sobre la vida cotidiana y sobre esa otra historia que atañe a la mitad de la humanidad.

Esos datos le sirvieron para escribir “Trifling Account of the Women of Egypt, Nubia, and Syria” en la que describía todo lo que había aprendido sobre la posición de la mujer, absolutamente subordinada, en aquellos países. Fue publicado como un capítulo dentro del libro de su marido.

Allí explicaba que sus vidas eran mucho más restringidas que las vidas de las mujeres europeas. Sus propias circunstancias suponían un buen ejemplo. Sarah, era la mujer de un explorador, extranjera, y por lo tanto, no encajaba en el concepto de “mujer” que tenían aquellos hombres. Para ellos era algo diferente, otra cosa.

Por eso, la trataban casi como a un igual y le ofrecían café o la pipa para fumar. Pero, a sus esposas, solo les permitían beber agua y llegaron a cerrar las tuberías allí donde no pudieran tocarlas (para controlarles el suministro, supongo). Sé que estas cosas hay que contemplarlas con la perspectiva de la distancia y el tiempo (o solo el tiempo, puesto que cosas así pasan ahora mismo en muchos puntos del planeta), pero no soy capaz de contener mi enfado ante semejantes injusticias.

Sarah sobrevivió muchos años a su marido, y no estuvieron exentos de penurias económicas, precisamente. Al final, el gobierno británico le otorgó una pensión que la mantuvo lejos de la pobreza extrema en su vejez, pero nunca se reconocieron sus contribuciones al trabajo de su esposo y su propio conocimiento personal de la vida egipcia.

Ella es una más del gran grupo de mujeres que son las esposas, indispensables pero olvidadas, de hombres famosos.

Bibliografía:
Sarah Belzoni; Another forgotten wife (en ocasiones parcialmente traducido/partially translated, por su alto interés. Gracias/Thanks)
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