#8M ¡Habría que hacer algo! Pues hagamos huelga


“Que las mujeres hagan huelga o no, me trae sin cuidado”

Eso decía Arcadi Espada (fundador de la plataforma Ciutadans de Catalunya, embrión de Ciudadanos) el otro día en la Sexta. Tampoco es que importe mucho, porque, como es normal, lo que opine ese señor, a la mayor parte de las mujeres también nos trae sin cuidado. Sin embargo, he decidido mencionarle porque creo que sus argumentos se han ganado una reflexión, aunque sea por encima.

La verdad, no le conozco. He oído por ahí, a veces, su nombre de villano arquetípico de partida de rol, pero, como me desagrada cierta clase de gente, no he seguido su trabajo ni estoy al tanto de sus méritos, al margen de lo de su partido político y de que tiene una columna en EL MUNDO (algo que, en realidad, he descubierto ahora).

Pero, es evidente que otros sí le conocen. Y que él se considera una persona inteligente, cuyas opiniones deberían ser un ejemplo para todos. Entonces… ¿no hubiese sido más acertado pensar un poco más las cosas, antes de plantarlas en público? Porque creo, de verdad, que no fue consciente de lo que decía. En serio, no puede ser.

Por ejemplo, en un alarde argumentativo, negó que hubiese brecha salarial entre hombres y mujeres, pero admitió que había “discriminaciones concretas”. Y se quedó tan contento. ¿De verdad, no se ve a primera vista lo absurdo de semejante argumento? Porque, si “Anita” se ve discriminada en su puesto de trabajo por ser mujer, evidentemente hay un problema de discriminación en su sociedad y en el país en el que vive.

Que no la han discriminado por ser alta o baja, rubia o morena, negra o blanca, caballero, sino por ser mujer.

Y como no es un caso perdido en la Alpujarra, sino que se dan muchísimos por todo el país (pocas empresas habrá que no se ahorren ese pellizco, pudiendo hacerlo impunemente, sin que pase nada), sí, es evidente que hay un problema de discriminación. Que hay una brecha salarial.

Inconstitucional, oiga. Por si le parece importante el detalle.

En realidad, también podría decirse que todas las discriminaciones del mundo se reducen en última instancia a discriminaciones concretas. Por lo tanto, separar unas de otras, es ridículo. Tanto como lo sería estudiar las víctimas de un asesino en serie por separado, porque, “total, son asesinatos en su base, casos concretos”. ¿Qué más dará si tienen un nexo común, verdad?

Fue una salida muy triste, pero, bueno, al menos no se atrevió a negarlo del todo, como hacen tantos otros grandes machos del Twitter, que últimamente me tienen admirada.

Eso sí, dijo que se trataba de un problema más de los muchos muchísimos que se dan en este hermoso planeta que gira a la deriva por el universo, por lo tanto, no había razón alguna para hacer una huelga.

Puestos así, no pude por menos que darle la razón. Por supuesto, todos sabemos que hay situaciones terribles en este mundo que deberían haber recibido una solución para ayer. Situaciones sangrantes, pavorosas.

Pongamos, por ejemplo, los inmigrantes. Estas oleadas de refugiados, herederos de los antiquísimos “Pueblos del Mar”, que llegan a nuestras fronteras con hambre y miedo por todo equipaje, buscando una vida mejor, y se encuentran con el hecho de que por aquí, demasiada gente en el poder no tiene muy clara la definición de “solidaridad”.

¡Habría que hacer algo! Pero, espera, no… ¿acaso no hay más problemas en el mundo? ¿Qué pasa con las pensiones de los jubilados? ¡Faltaría más, no hay razón para estudiar el tema de los refugiados, existiendo ese otro problema! ¿Por qué alguna gente (¡ah, esos pequeños locos de corazón noble!) se empeña en buscarles una salida? ¿En darles de comer, en ofrecerles unos cuidados médicos? ¿Estamos tontos?

¡Con todos los problemas que hay, no existe razón para centrarnos en ese!

Veamos, los jubilados de nuestro país, esas gentes que tanto han trabajado para sacar adelante un país al que ahora nuestros gobernantes puedan saquear a manos llenas, y de los que se han reído con una subida ridícula. Eso sí, la misma para todos, no vaya a ser que los de pensiones más altas vayan a sentirse discriminados frente a quienes tienen que malvivir con cuatrocientos euros al mes.

¡Habría que hacer algo! Pero, no, a ver… ¿es que somos nuevos en esto de esquivar hábilmente problemas y así no solucionar ninguno? ¿Es que no sabemos que hay muchas otras situaciones que requieren atención en la vida? ¿Qué pasa con el gravísimo problema del paro y/o el empleo basura que nos ofrecen para paliarlo quienes nunca los van a sufrir?

Que se esperen los jubilados. ¡No hay razón para que salgan a protestar, habiendo tantos problemas en el mundo! ¡Gentes egoístas y sin fundamento!

Y, así, ad nauseam. Porque no vamos a quedarnos en el paro, habiendo tantos otros asuntos que resolver.

O que no resolver, según argumentaba este hombre.

A Arcadi Espada no le importa la brecha salarial, ni tampoco a Mariano Rajoy, con su glorioso “no vamos a meternos en eso ahora”, porque son problemas que no les afectan, no los sufren. La herida ajena no duele. O sí, pero solo si tienes un poco de empatía, que no es el caso. Lo único que hay en estas personas es desprecio por el otro. Una falta de respeto asombrosa.

Se le ha olvidado, quizá porque nunca ha querido saberlo, que somos nosotras, las que nos vemos afrentadas día a día en nuestra dignidad y en nuestra cartera, las únicas que podemos opinar sobre su importancia. Las que tenemos que decidir si hay o no razón para hacer una huelga, para quejarse, exigir y protestar.

Yo iré a la huelga, más que por mí, por todas las que querrían hacerlo pero no van a poder. Las habrá, y muchas. Está muy chungo todo, como para enfrentarse a un jefe al que no le dé la gana permitir que sus empleadas se sumen a una huelga de “feminazis” y demás lindezas.

Iré a la huelga por mi abuela, que trabajó como una mula en la época en la que las mujeres eran auténticos ceros a la izquierda y se decía que “no trabajaban”, porque se quedaban obligatoriamente en casa, ocupadas con esas “sus labores”. Era el hombre el que traía el jornal, el muy machote que los mantenía a todos. Y si el dinero no llegaba (tiempos de la postguerra, varios hijos, mucha hambre…), ya ayudaba ella, pero sin ser reconocido como auténtico trabajo. No fuera a ser que le rebajase la hombría.

Por todas las veces que tuvo que romper el hielo del arroyo para lavar allí baldes y baldes de sábanas, a cambio de unas miserables monedas. Sin poder cotizar, tener unas vacaciones o una jubilación. Va por ti, abuela.

Y, luego, haz la casa, la comida, la compra, cuida de los niños… Pero, ojo, eso sí, sin esperar ningún reconocimiento. Era su obligación, faltaría más. A currar, que naciste mujer. El hombre cumplía su horario y se largaba al bar. Y no fueras a recriminarle nada, que igual te caía una paliza, en la que nadie iba a defenderte, porque tenías que aguantar, era tu marido.

Lo haré por mi madre que, limitada también por cómo era la vida en su momento, tuvo que dejar de trabajar de modista al casarse. ¡Dejar de trabajar, tiene guasa…! La realidad es que no ha vuelto a tener un sueldo, pero no ha descansado ni un solo día, ni uno. Nunca ha tenido vacaciones ni mucho menos jubilación. Ahí sigue, trabajando a sus ochenta y cinco años como siempre y, ahora, además, cuidando de su marido, de su misma edad, con lo dura que es la labor de un cuidador.

Si fuera por mí, cómo cambiarían las cosas. Y no os digo nada si pudiera viajar en una máquina del tiempo al pasado…

Y lo haré por las muchas mujeres que sufren discriminaciones cada día con techos de cristal, con vejaciones sexistas en su entorno, en el cine, en la literatura, la publicidad…

Por las que trabajan lo mismo O MÁS que otros en sus puestos, y cobran mucho menos, y que luego van a Twitter y tienen que leer que “eso no ocurre, porque la Constitución lo prohíbe”. Ja. El colmo de la ironía.

No sé si de verdad no lo saben, no lo quieren saber o son, simplemente, desalmados.

Lo haré por ti, compañera, y lo haré pensando que tenemos que ganar de una vez esta maldita guerra. Hay que hacerlo en nombre de nuestras antepasadas, en reconocimiento de las que pudieron luchar en un momento mucho más difícil, y en memoria de las que no.

Pero, sobre todo, con los ojos puestos en nuestras descendientes. Que ellas no tengan que sufrir las cosas que hemos tenido que vivir nosotras.

YA BASTA de excusas, de quitar importancia a los problemas por el viejo sistema de hablar de los muchos otros que hay. De diluir su gravedad diciendo que son “casos concretos”.

Somos la mayoría de la población y estamos discriminadas.

ESTAMOS DISCRIMINADAS. PUNTO.

Lo que no hay, es razón para no hacer la huelga. Ninguna.

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