Personajes femeninos en la Novela Romántica Histórica


Lo sé, no es un tema muy original, pero viene bien comentarlo en esta época, en la que estamos tan reivindicativas.

Siempre me han sorprendido las críticas de lectoras que tachan algunos personajes femeninos de romántica histórica de ser “demasiado adelantados a su tiempo”, solo por aspirar a tener lo mismo que un hombre o por pelear, en general, por lograr una mejor posición en el mundo. Por ser “mujeres modernas”, vamos, con aspiraciones que pudiéramos tener cualquiera de nosotras.

“Una Madre” (1884) de Silvestro Lega (1826-1895)

Por supuesto, todos sabemos que, “en general”, la vida de la mujer se limitaba a buscar un marido y quedarse en el hogar, a formar parte de sus pertenencias. ¡Claro que sí! Es lo primero que se aprende cuando se mira hacia el pasado: que las mujeres desaparecen de la escena pública, se convierten en personas de segunda categoría, al servicio de los hombres, y se centran en la limpieza de los hogares y el cuidado de la familia.

De hecho, dependiendo del estrato social al que pertenecieran, no necesitaban aprender ningún oficio, ni siquiera el de ama de casa, y en ninguno de los casos se precisaba una educación, una cultura. Con estar más o menos guapas (dependiendo de tu dote o demás aportaciones) y hablar de modo suave cuando llegara a casa su marido, para hacerle sentir bien, resultaba suficiente.

Eran mujeres. Su existencia quedaba por completo a la sombra de la de los hombres.

Vale.

Sin embargo, en la novela romántica tenemos que crear una comunión entre la lectora de hoy y ese personaje ficticio, ambientado en el pasado. ¿En serio se espera que pongamos una protagonista que encaje en esa generalidad, alguien cuya máxima aspiración en la vida es planchar bien las camisas de su hombre y los pañales del bebé, ya que así se lo han enseñado?

Es evidente que, para un secundario, puede tener cierto punto, como parodia o broma, pero en la protagonista depositas algo más de ambición, y mucha más inteligencia.

¿Significa esto que nuestras protagonistas no encajan con su tiempo?

Louis–Leopold Boilly
French
1761–1845
“Young Woman Ironing”

NO. Rotundamente NO.

A ver, sí, siempre puede darse el caso de que se produzca un exceso, no se me ocurre cuál (en seguida se verá por qué), pero podría darse (os animo a decírmelo).

Sin embargo, lo más habitual es que, simplemente, no sepamos que, aunque sometidas por una educación sectaria y aplastadas por la presión del patriarcado, siempre ha habido mujeres inteligentes, despiertas y perspicaces. Mujeres que, por suerte, por su entorno o por mayores capacidades, han podido sobreponerse a ese adoctrinamiento y han peleado por no ser pisoteadas.

Algunas no escribimos ni queremos escribir sobre la generalidad, sobre las mujeres que se quedaban en casa, con el sueño final de entregar su vida limpiando y tener muchos hijos, hablamos de mujeres fuertes que miran a su alrededor y se preguntan por qué demonios no pueden tener las mismas oportunidades que los hombres.

Madre con hijos. Ferdinand Georg Waldmuller. 1863

Incluso aunque tuvieran que quedarse en casa (como esta pobre mujer, cargando con los críos). O tuvieran que buscar marido, por obligación.

Hablamos de esas luchadoras, esas librepensadoras que, poco a poco, fueron cambiando las cosas para legarnos a nosotras un mundo mejor. Siempre las ha habido, siempre.

Nuestras protagonistas perciben su entorno, lo estudian y lo critican de un modo u otro. Tienen ideas progresistas sobre su posición en el mundo siempre, actúen o no de un modo claro para romper las normas sociales. Porque, pese a ser mujeres, tienen ambición, tienen inteligencia y entienden que podrían y deberían aspirar a algo más.

Y, plantear personajes así, no sería un error de la autora. A las pruebas me remito:

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar.”

Famosa frase de Hipatia de Alejandría, filósofa y maestra neoplatónica griega del siglo IV-V, natural de Egipto,​ que destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía,​ miembro y cabeza de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V.

Su situación fue muy peculiar, sí, una concatenación de circunstancias le permitió llegar a lo que llegó (qué remedio, por las buenas no se lo iban a permitir). Pero... ¿es que acaso no se dio? ¿Y era o no inteligente? Lo era. Tuvo la ocasión de estudiar pero supo aprovecharla.

Las mujeres pueden haber estado sometidas, pero nunca han sido estúpidas, nunca han tenido una mente inferior, como se nos ha intentado hacer creer durante siglos. Por lo tanto, no tienes por que pedir perdón por crear personajes comprometidos, ambiciosos, capaces, "modernos de tal manera", en cualquier época.

De hecho, la propia existencia de Hipatia demuestra que un escritor puede plantear una estudiosa de este nivel en un mundo donde las mujeres no tenían ningún poder, ni ningún acceso a los estudios.

Esa era la norma: la excepción ha sido siempre lo que ha movido el mundo y lo que ha hecho que nosotras heredemos una situación mucho mejor. Porque eran tan inteligentes y capaces como podamos serlo nosotras, o al menos los hombres de su época.

Como puede verse por su cita, ella no hacía distinciones entre hombres y mujeres, igual que no las hacía entre razas. Toda persona debía pensar y reflexionar sobre el mundo y su posición en él.
«Mujer, despierta; el arrebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos.»

Esto lo dijo Olympe de Gouges en la primera mitad del siglo XVIII. Fue quien redactó La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, esa que comenzaba con un rotundo artículo 1 - "La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos".

O, en su artículo 6 - "La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos".

¡Qué ideas tremendas para la época! ¡Iguales en todo, hombres y mujeres! ¿Dónde vamos a parar? Llego a ponerlo en una novela, y seguro que más de una lectora me hubiese dicho que menudo exceso, que en el siglo XVIII "las mujeres eran sumisas y calladas, criaturas que solo deseaban ser madres y esposas. Buscaban marido, se quedaban en casa y bordaban".
Mary Wollstonecraft, 1759-1797, filósofa y escritora profesional en una época en la que algo así suponía una rareza. Pero se dio. 
Entre sus numerosas obras, consta la Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792), obra en la que se consolidaron las bases del feminismo moderno. 
En él defendía la necesidad de que la mujer accediese a la cultura y argumentaba "que las mujeres no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que parecen serlo porque no reciben la misma educación, y que hombres y mujeres deberían ser tratados como seres racionales" (de la Wikipedia). 
(Nota: fue la madre de Mery Shelley, autora de "Frankenstein")
Lucretia Mott, 1793-1880, profesora en un colegio cuáquero, predicadora, importante lider abolicionista y gran luchadora por los derechos de la mujer. Fue una de las organizadoras de la Convención de Seneca Falls, el primer encuentro público de mujeres en los Estados Unidos. 
Lucretia Mott es uno de los nombres propios de la historia del feminismo en los Estados Unidos. Como muchas otras feministas en Norte América, Lucretia inició sus reivindicaciones sociales en la lucha contra la esclavitud. Su ímpetu y fuerza de voluntad pudieron con una salud frágil. Ministra cuáquera, Lucretia gritó al mundo que someter a seres humanos era una aberración. Cuando ella y todos los abolicionistas celebraron el fin del esclavismo en 1865, Lucretia se centró en otra gran reivindicación social, la de la igualdad entre hombres y mujeres... [pulsa en imagen para ir a Mujeres en la Historia y seguir leyendo]

Evidentemente, la presión social era fuerte, más que ahora, y la mayoría de las mujeres perdían sus vidas en ese segundo plano sin color que les estaba destinado. Pero, muchas, luchaban. El grado de lucha, dependía de muchos factores, entre ellos, su valor y su decisión, pasando por sus circunstancias: podía ir desde la protesta por querer casarse con quien querían, hasta la máxima reclamación, querer una cultura, trabajar y ser independientes.

El punto en el que coloquemos a nuestro personaje, da lo mismo. Todos son válidos.

Esas, son nuestras protagonistas. Más o menos luchadoras, más o menos reivindicativas, al gusto, pero siempre, siempre, inteligentes y con la ambición de existir por sí mismas.

A mí me sirvió de mucho leer algunos textos antiguos, como este, de María de Zayas, que cité en mi libro EN AGUAS EXTRAÑAS:

“¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para las venganzas, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas? ¿El alma no es la misma que la de los hombres? Pues si ella es la que da valor al cuerpo, ¿quién obliga a los nuestros a tanta cobardía? Yo aseguro que si entendierais que también había en nosotras valor y fortaleza, no os burlarais como os burláis. Y así, por tenernos sujetas desde que nacemos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con los temores de la honra y el entendimiento con recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas“.

María de Zayas, autora del siglo XVII, escribió estas líneas en "La fuerza del amor", una de las novelas (o "maravillas", como ella las llamaba).

Fue publicada en 1637. No en el siglo XVIII, no en el siglo XIX, sino en la primera mitad del siglo XVII, pero, si nos fijamos, no difiere mucho de lo que podría pensar una mujer de hoy en día, aunque utilice el lenguaje del momento.
Por cierto, María fue muy famosa en su época (por supuesto, como muchas otras mujeres, fue ninguneada por la historia de la literatura).
Concepción Arenal, siglo XIX, una de las mujeres más grandes que han existido. 

Pese a todos los obstáculos, se empeñó en ser abogada, algo que, por supuesto, supuso toda una odisea. Tuvo que ir a la universidad vestida de hombre y luego, cuando la descubrieron, bajo absoluta supervisión masculina, no fuera a organizar un escándalo, supongo. 

Alucinante. No os perdáis su biografía, que no tiene desperdicio. Por supuesto, una historia muy diferente a la de las mujeres de su época. Porque, las mujeres luchadoras, se han enfrentado al mundo, desde siempre.

Ferviente feminista, luchó por la causa de la mujer en la que, sí, la mayor parte aceptaba el mundo impuesto como si no hubiese otra alternativa. Pero ella no.

Frases de Concepción Arenal:“Tal es la situación de la mujer: abiertos todos los caminos del sentimiento, cerrados todos los de la inteligencia”. (“La mujer del porvenir”, 1868)”¿Cómo hay dos criterios, uno aplicable al mal que hacen a las mujeres, y otro al que pueden hacerse los hombres entre sí? La razón de esto es la supuesta inferioridad de la mujer: nada puede ser mutuo entre los que no se creen iguales”. (“La mujer del porvenir”, 1868)

Y muchas otras, hoy en día se van sabiendo nombres. Unas destacaron, aunque no se les reconocieran los méritos y otras permanecieron a la sombra de la Historia. Seguro que muchas tuvieron que vivir como pudieron, sin atreverse a levantar la cabeza, a veces felices, a veces no. Ha habido muchos tipos de mujer, a lo largo de los muchos giros que ha dado nuestro planeta.

La cuestión, en la novela romántica, no es que haya que plantear siempre mujeres reivindicando sus derechos a gritos en la calle (si apetece, pues bueno, claro, yo misma soy partidaria de dar más contenido a la novela romántica, en cuestión de trama), sino que recordemos que pueden (y hasta deben, para encajar con la mentalidad de la lectora, como dije) ser mujeres que se dan cuenta de la situación en la que están atrapadas, que captan la realidad del mundo, sin la distorsión del adoctrinamiento machista, y tienen la ambición de ser respetadas en igualdad con los hombres.

Aunque solo sea con ese hombre en el que busca el amor.

Esas, son nuestras protagonistas.

 

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