Aprendiendo con “La Manada”


Como muchos sabréis ya, mañana jueves, 25 de abril de 2018, se lee la sentencia en la que se decide la suerte de los hombres conocidos como “La manada”, acusados de violación en unas fiestas de San Fermín. Cinco meses después de su juicio (que no se diga que la justicia no es lenta, o sentaría un precedente bastante incómodo ), por fin los jueces van a exponer sus conclusiones.

Ahora mismo, no sé que va a pasar, claro, no tengo ni idea. Si, como se temen tantos, salen libres o con una pena ridícula, es muy posible que se organice una nueva revuelta.

Reconozco que sé poco del asunto. Raramente veo la tele pero, gracias a internet, donde la información puede ser fake pero también es mucho más independiente (no cuesta nada comprobar las cosas), he oído hablar de un vídeo, de unos gritos de dolor, de un consentimiento no explícito, del robo de un móvil (justo, lo habitual en las relaciones consentidas, robarle el móvil a la chica) y de unas declaraciones cambiadas a última hora, además de múltiples comentarios sobre el triste papel de un abogado defensor que, por lo que parece, en su ataque descerebrado hacia la víctima, no ha sabido estar a la altura de lo que puede ser un caso clave, algo que cambie la forma de pensar de toda la sociedad sobre el tema de las agresiones sexuales.

A ver, que soy la primera en entender que, en un Estado de Derecho como este en el que intentamos vivir, pese a las mermas progresivas que sufrimos en los últimos tiempos, el principio de “presunción de inocencia” debe cuidarse mucho. MUCHO. En serio, sí, es un gran logro, conseguido por nuestros padres y abuelos. Todo el mundo es inocente, hasta que se demuestre lo contrario.

Por desgracia, tenemos que sufrir cada poco auténticos espectáculos de condena social, con montones de gentes enfurecidas, soltando espuma por la boca ante la televisión y señalando con el dedo al objeto de nuestra inddignación. Deseando condenas eternas, ¡incluso la muerte!, a gentes que todavía ningún juez ha condenado todavía.

Eso sí, por lo general (habrá muy nobles excepciones), toda su fuerza termina en el grito y la condena, nada queda para intentar arreglar un poco el mundo. Me recuerdan a esas películas en las que salen ejecuciones en tiempos pretéritos, esos espectáculos que eran el entretenimiento general del populacho. Allí estaban, sucios, desgreñados, hambrientos, vapuleados por las clases altas, pero, oye, disfrutando de ese ratillo de asueto.

Pasando el rato con el dolor y la muerte ajenos, lanzando verduras podridas y maldiciones. Repugnante.

El caso es que, se nos olvida que, aunque el delito pueda ser terrible, los trámites  establecidos por ley son los que nos permiten sentir una “seguridad jurídica”. Es lo que te hace saber que no van a linchar a nadie en la calle, ni lo van a condenar porque sí, sin un juicio justo en el que pueda defenderse. Es lo deseable, claro.

Debe haber presunción de inocencia.

Pero, pero, pero…

También es verdad que, los delitos de índole sexual como la violación o el acoso, en los que, generalmente, los únicos testigos son el culpable y la víctima, son prácticamente imposibles de demostrar. Sobre todo, en el caso de situaciones puntuales, aquellas en las que no va a haber oportunidad de “tender una trampa” en algún momento, ¿cómo lo haces?

Los problemas que entraña la prueba en este tipo de delitos son muy serios, no lo niego, ni envidio a quienes tienen que apartar la broza, el engaño, la manipulación y la mentira, y llegar a la verdad de lo ocurrido.

Pero a mí me importa más hablar del modo en que la sociedad los ha asumido hasta ahora. Porque, sí, no puede negarse que, la famosa presunción de inocencia en un delito de violación se invoca siempre para el acusado, pero pocas veces para la supuesta víctima. Desde siempre, se ha dicho de boquilla que ella era “una víctima”, pero se la ha tratado con suspicacia, y se le han exigido cosas que no se exigen a quienes aseguran haber sufrido otra clase de delitos.

La defensa típica de los acusados de violación es atacar a la supuesta víctima del delito, desacreditarla, avergonzarla, casi hasta establecer que no tenía ni derecho a oponerse ni honor que preservar.

Es una tía, si se acuesta con muchos o es prostituta, ¿qué pasa? Que el delito, de pronto, ya no es tan delito. ¡Y te han violado, oiga! Pero, por lo que parece, ya no importa tanto. Incluso te lo has merecido. En una sociedad que carga con un problema grave de machismo, la situación ha sido, hasta ahora, insostenible.

Las mujeres que se han atrevido a dar ese paso tan difícil han sido violadas Y, ADEMÁS, han pasado un calvario; han sido juzgadas y condenadas miles de veces, en base a datos que nada tienen que ver con el delito juzgado: su actitud, su vestir, su carisma…

Por suerte, ahora, todo está cambiando. No nos damos cuenta, pero con la famosa marcha del 8 de marzo, con las exigencias de cambios sociales, hemos iniciado una revolución que no podemos ni debemos olvidar. Las mujeres queremos un mundo más igual, más respetuoso con ambos géneros, y para eso, es necesario que la sociedad entera reflexione acerca de sus errores, entre ellos los referidos a los delitos de agresión sexual.

No sé lo que harán los jueces, miedo me da. Pero, pienso que, con la excusa de asuntos como este del San Fermín, se tendrían que asentar una serie de puntos en el subconsciente colectivo.

  1. Una mujer no tiene por qué negarse “activamente”, puesto que son situaciones límites en las que las personas pueden bloquearse, por el puro miedo. No digamos ya si está bajo los efectos de alcohol, o de otras sustancias.
    Sé que es difícil valorar algo así, lo sé, aunque, supongo que todo estriba en que debería dejarse claro que, la mujer, DESEABA conscientemente ese encuentro sexual. Pero debe seguir siendo considerado violación, y no abusos, porque, señores, es una violación. De paso, si eliminamos la diferencia entre violación y abuso, algo adelantamos, que ya toca. Si no ha dado el consentimiento, es no, y si es no, es violación, haya o no intimidación o violencia.
  2. Hablando de esto, una mujer no tiene por qué arriesgar su integridad física oponiéndose a una violación, y menos a una múltiple. Ya está bien, con ese tema. ¿En qué mundo aberrante vivimos? Aconsejan a un tío bruto que no se oponga si le roban algo, no vaya a ser que le hagan un rasguño, pero se exige a una mujer, que seguramente no tiene ni la mitad de fuerza, que se oponga a cinco agresores (en este caso de La Manada) hasta el punto de conseguir marcas y golpes.
    Se sigue considerando que, si te quedas quieta y le dejas hacer, para evitarte unos puñetazos extra, no estás dejándole lo suficientemente claro, QUE NO QUIERES. Si no te opones y no se genera violencia, la cosa pasa, como mucho, a “abusos sexuales” y queda en una pena ridícula.
  3. Una víctima de violación no tiene por qué pasar el resto de su vida llorosa y destrozada. De hecho, lo ideal es que se recupere y siga con su vida cuanto antes, que por algo es la víctima y no ha hecho nada malo. No siempre va a ser posible, por no decir nunca, no quiero ni imaginar cómo se pueden sentir. Pero, basar una defensa en un delito cometido en el pasado, en el hecho de que la mujer ha normalizado más o menos su día a día, es totalmente inmoral. De verdad, terrible.
    O sea, te roban y rehaces tu vida. Te apuñalan y rehaces tu vida. Te extorsionan, te amenazan, te secuestran, te apedrean y te meten en un pozo hasta casi morir, y rehaces tu vida. Y todo el mundo aplaude, emocionado, porque has sabido levantarte sobre tus cenizas y remontar la situación. Nadie dice que por ello demuestras que no te robaron, que no te amenazaron o no te secuestraron, o no te enterraron en el pozo...Pero, te violan y, si rehaces tu vida, colega, estás acabada. Resulta que, entonces, por alguna extraña consecuencia retroactiva, demuestras que "no te violaron".
  4. Habría que cambiar la letra de la ley, porque hay que cambiar de mentalidad. El sexo no debe ser “algo consentido”, casi como si no importase que se permita con renuencia y dejadez. Casi como “Valeee, venga, pesado insistente, te dejo meterme mano, venga, buf, ya no es delito, aunque no me apetezca una mierda que me toques”. ¿En serio, hay que verlo así?
    Yo creo (como leí por ahí en su momento) que, el sexo, debe ser un acto común, DESEADO y CONSENSUADO, y si no es buscado así, de una forma activa por ambas partes, señores, mejor irse a tomar un café.
  5. La propia visión de la mujer respecto al sexo, debe recibir un nuevo enfoque, de forma radical. No tenemos ni por qué ser menos promiscuas que los hombres, si nos apetece serlo; no tenemos por qué estar en ninguna situación de sumisión; lo nuestro no tiene que ser “decir sí o no”, o ser “consentidoras” mientras otros “te hacen algo” de forma activa. Si nos acostamos con un regimiento, será cosa nuestra y, esa vez en la que NO QUERÍAMOS, será violación. O aprendemos esto, o no avanzamos.

¡Basta ya de “llevaba minifalda”, “es que mira por dónde iba ella sola”, “ella se lo ha buscado, tanto ligar”, “estaba borracha”, etc!
Quiere o no quiere.
Desea o no desea.
Y si no desea, ES VIOLACIÓN
.

No sé qué se dirá mañana y me pregunto qué pasará ahora mismo por la mente de esa chica, la víctima de aquel San Fermín, de la que no recuerdo ni el nombre. Pero soy mujer y simpatizo con ella. Como la gran mayoría de nosotras (si no todas), he sufrido mis momentos de violencia sexual a lo largo de la vida. Acosos de tipo variado que te ponen en una situación desagradable, en la que, muchas veces (sobre todo si eres muy joven), no eres capaz de reaccionar. No quiero ni pensar lo que podría ser que un grupete de sinvergüenzas te cogiesen por banda en un portal, en plena borrachera festiva.

Claro que, leyendo muchos de los tuits que he visto en los últimos tiempos, a costa del despertar feminista, la verdad, no me sorprende que el mundo esté como está. Hay auténtica gentuza simulando ser seres humanos hombres, pululando por ahí con su sentimiento de superioridad a cuestas, diciendo chorradas incluso de sus esposas (pobrecillas), como para respetar a todas las demás. Arremeten contra las feministas al sentirse amenazados en su posición de macho alfa venido a menos. Los mensajes son aterradores unas veces, repugnantes otras. Te quedas atónita con los supuestos razonamientos y comentarios de algunos.

En fin, lo que está claro es que, son las instituciones las que deben ir cortando comportamientos  y estableciendo cuáles son los límites morales a los que deberíamos ajustarnos, como sociedad. A ver si más de un sinvergüenza aprende que, no, las tías, ese entretenimiento que va justo después del fútbol, no están ahí para ser folladas cuando a él le plazca.

Y sentencias de gran interés, como esta del San Fermín, podrían ser una ayuda crucial en ese camino. Podríamos avanzar mucho, aunque también retroceder mil pasos, si se bendice de forma oficial esta clase de comportamientos. Ya se verá qué ocurre.

Miedo me da, con el tiempo que ha pasado. Creo que nunca ha habido tantas pruebas de una violación (se acepten o se rechacen), pero han necesitado cinco meses para dar el fallo.

Anuncios