TÁMESIS: La Policía en tiempos de la Regencia


Si estáis leyendo mis libros de regencia, ya sabréis que, los años en los que tiene lugar la primera trilogía de EL MUNDO DEL TÁMESIS, llamada UN DÍA EN EL TÁMESIS, Inglaterra se encontraba en un momento de transición entre lo que había servido para mantener el orden, la institución de la famosa Guardia, que se alargó durante muchos siglos sin apenas cambios, y lo que resultaba ya imprescindible: una policía moderna y bien organizada.

Posiblemente, Charlie Rouse, uno de los últimos vigilantes… aunque veo que también lo dicen del otro (siguiente imagen).

Otro día hablaré de la Guardia propiamente dicha, hoy me limitaré a referirme a ese periodo de unos pocos años en los que partidarios y detractores se enfrentaban dentro y fuera del Parlamento, por la necesidad de ese cambio.

En otros países, como Francia , esa policía moderna era ya una realidad. Lamentablemente, suponía en sí un mal modelo, un sistema que en Londres no gustaba, por corrupto, con muchos espías y agentes provocadores.

Esa era una de las varias causas que les llevaban a rechazarlo (entre ellas, que siempre va a haber que se oponga a las cosas, por principio), eligiendo lo peligroso conocido a lo bueno que pudieran traer los cambios.

De hecho, había comentarios jocosos sobre el hecho de que los ingleses (los nobles, que eran los únicos que importaban en cualquier ámbito) preferían ser robados a ser controlados (Un visitante ruso reflexionó que “los ingleses temen una estricta policía y prefieren que les roben más que ver centinelas y piquetes”, Ekirch, en su obra citada al pie, página 80.).

Y es verdad. Aunque, en mi historia, buena parte del peso de la oposición la he depositado en manos del malvado lord Dankworth, tras el que hay toda una trama de confabulación contra el rey Jorge IV (ya terminado su periodo de regencia, en 1821), lo cierto es que no he contado nada que no ocurriera de verdad: el paso a ese nuevo sistema se demoró años porque había una lucha de fuerzas entre la Corona y los nobles, que temían verse controlados como vulgares plebeyos y perder algún margen de poder. Como realmente ocurrió.

¿Acaso un plebeyo uniformado de esa policía va a poder darme el alto?, preguntaban, como menciono en mis novelas. ¿Acaso unos zafios sin alcurnia van a poder faltarle al respeto a unas damas nobles, exigiéndoles una documentación o, peor, intentando detenerlas como si fueran vulgares ciudadanas de a pie? ¡De ningún modo! ¿A dónde vamos a ir a parar?

Mejor mantener la Guardia (como dije antes, hablaré de ella en otro artículo, es un tema muy interesante), como ha estado siempre, que las tradiciones hay que mantenerlas, y cada cual que se las arregle para llegar bien a casa, sobre todo si sale de noche. Que el Londres luminoso de las fiestas de los nobles, no era el de los oscuros callejones de Whitechapel.

Por supuesto, el que salía bien escoltado, porque podía permitirse pagar sus propios matones, no tenía ningún problema, podía ir a cualquier sitio en cualquier momento. Los inconvenientes siempre quedaban para los pobres, esa gran masa de la población que poco importaba a los poderosos.

Fue el ministro sir Robert Peel, mencionado varias veces a lo largo de mis novelas (con él trabaja mano a mano uno de mis protagonistas, el duque de Gysforth), quien luchó durante mucho tiempo para poder sacar adelante el proyecto de esa policía moderna, con auténtico poder para hacer seguras las calles.

Una empresa sin duda necesaria, que culminó en 1829 con la creación de lo que luego ha sido conocido como Scotland Yard (por la plaza a la que daba una de las puertas del edificio, hago un guiño al respecto en UNA NOCHE EN EL TÁMESIS).

Pero, como bien sabemos, en el mundo raramente hay colores puros, blancos o negros; por lo general nos movemos en un entramado de grises, en el que toda luz tiene su reverso oscuro. Peel miraba hacia el mañana, sí, y tenía razón en sus ideas, pero fue un hombre implacable que no tuvo escrúpulos en utilizar los rudimentos de la manipulación de masas a la que estamos tan acostumbrados hoy en día.

Hubo muchas viñetas satíricas en la época (como esta que vemos arriba, en la que puede verse a Peel y otros defensores de la Ley de Policía Metropolitana, enfrentándose a un grupo de vigilantes con los característicos linternas, bastones y matracas, pero mostrados como ancianos incapaces de hacerles frente). Hubo muchas burlas generalizadas, muchas críticas a la Guardia, sobre su falta de profesionalidad, lo vagos que eran, lo corruptos, lo mayores e incompetentes…

Todo esto, no tiene muchos visos de haberse basado en hechos reales. Al contrario, hoy en día se cree que todo formaba parte de un plan publicitario que condujera a que la población general viera con buenos ojos el cambio como única opción posible. Como es lógico, había guardias corruptos o vagos como los había eficientes y leales a su empeño.

Igual que luego los hubo en Scotlad Yard o los sigue habiendo, hoy en día.

Nada nuevo, bajo el sol.

UNA TARDE EN EL TÁMESIS. Serie UN DÍA EN EL TÁMESIS, 1/3UNA NOCHE EN EL TÁMESIS. Serie UN DÍA EN EL TÁMESIS, 1/3

 

 

 

 

 

FUENTES:
¬ Watchmen, goldfinders and the plague bearers of the night http://www.artinsociety.com/watchmen-goldfinders-and-the-plague-bearers-of-the-night.html
¬ London lives 1690 - 1800. Policing. https://www.londonlives.org/static/Policing.jsp
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2 comentarios en “TÁMESIS: La Policía en tiempos de la Regencia

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